
A continuacion una gran entrevista con sus Autores.

¿En qué te inspiraste para hacerla?
Espero haber tenido el acierto de recoger el espíritu de la telenovela Estefanía, de Julio César Mármol, sin copiarla. Para nuestra generación, que no vivió el perezjimenismo pero sí vio esa producción, creo que es una referencia ineludible.
Luego están los cuentos que uno escuchaba de sus padres, tíos y abuelos: eso de hablar bajito por el miedo a la represión, de los esbirros que llegaban de noche y se llevaban vecinos, toda esa atmósfera siniestra que se percibía al respecto.
De allí, me quedaron numerosas referencias hemerográficas y bibliográficas. Me impresionaron especialmente dos libros: Se llamaba SN de José Vicente Abreu y Confesiones de un Esbirro, de Braulio Barreto. Eran las dos caras de la moneda: el perseguidor y el perseguido, el torturador y el torturado. Creo que eso me sirvió para mostrar los dos rostros, como debe ser periodística y dramatúrgicamente hablando.
También debo mencionar Golpes de Estado en Venezuela, de Los libros de El Nacional e Imagen Literaria del Periodismo, escrito por Humberto Cuenca, padre de mi profesora Gloria Cuenca.
Existe una abundante hemerografía de cuando se cumplieron los 25 años de la caída de Pérez Jiménez, en 1983. Para aquel momento la prensa hizo generosos resúmenes de los acontecimientos, los cuales por cierto no se han vuelto a hacer.
Y hay una fuente crucial: el testimonio vivo de Oscar Centeno Lusinchi, quien es uno de los personajes centrales de Libertaria. Me impactó mucho conocerlo y tuvo la generosidad de obsequiarme sus memorias manuscritas, las cuales constituyeron el hilo conductor sobre el cual ensarté todas las referencias antes mencionadas.
La madre de la protagonista, Doña Isabel, viuda de Marcano, es una reminiscencia de mi abuela, Dolores Morlet de Roa. Ella perdió a su esposo –mi abuelo- el capitán Evelio Roa Castro, en el golpe de 1945.
Ambas perdieron a sus maridos por culpa de la violencia política. Ambas debieron criar a sus hijos con recursos limitados en medio de una dictadura. Y por supuesto, el desmembramiento de una familia por motivos políticos es algo que me impresiona profundamente, debido a esa cercana vivencia familiar.
¿Cómo llega la propuesta de Alberto Cimino para producirla?
Cimino quería llevar a la radio Estefanía, pero RCTV negó los derechos. Cosa lamentable, ya que la iba a adaptar el mismo Mármol, y yo nada más actuaría, les había pedido el rol de Gabo, el hermano del protagonista, interpretado por Henry Zakka en la original. Era un estudiante comprometido con la lucha clandestina, por lo que me llamaba mucho la atención.
Negado el permiso, a Cimino se le ocurre hacer un original ambientado en la misma época y me solicita que lo escriba, visto que yo era un alumno de Mármol que admiraba especialmente esta telenovela. Y para involucrar a Mármol, a Cimino se le ocurrió que él hiciera de Pérez Jiménez, cosa que nos emocionó mucho a todos.
¿Cómo te sientes ante esta nueva version? ¿Hay cambios respecto a la original?
Tengo entendido que Cimino agregó escenas, pero no sé de qué van. De resto, entiendo que se respetó la estructura. Me da mucha curiosidad, por supuesto.
¿Cuales actores/actrices imaginaste o querías para tus personajes?
Creo que el único que tuve claro desde el principio fue a Winston Vallenilla para el protagonista masculino, el alférez de navío Gustavo Córdoba. Conozco a Winston de hace años, hicimos teatro juntos y me parece que, gracias a su familia, tiene una excelente formación profesional. Además, protagonizó de manera brillante mi adaptación de La esclava Isaura.
Sin embargo, fue justamente Winston quien no pudo estar. El personaje lo hizo Luciano D'Alessandro, creo que fue su primer protagónico y le agradeceré eternamente el entusiasmo que le puso.
No había visualizado a nadie más en particular. Rosalinda Serfaty fue una actriz extremadamente entregada en el rol de Marielena, la protagonista, cosa que también agradezco. Tenía algo que queríamos, y es un aire a Pierina España: la voz ronquita, rubia, de facciones cuadradas. También el casting de Rosalinda fue un guiño a la nostalgia.
No se me ocurría otro actor para Pedro Estrada que no fuera Gustavo Rodríguez. Y mientras escribía, me preguntaba: "¿se podrá?"
Por suerte, fue Gustavo quien se acercó al proyecto al tener conocimiento del mismo. Así como es él, sencillote, ocurrente y bromista. Una de las experiencias más estremecedoras de mi vida la tuve cuando escuché aquel señor actor interpretando al personaje que lo hizo legendario, pero ahora con nuevas líneas... ¡escritas por mí!
Recuerdo también con mucho cariño el trabajo de Carlitos Olivier como Oscar Centeno Lusinchi, pieza clave en la articulación de civiles y militares para conspirar, personaje histórico que me ha distinguido con su amistad y que me suministró numerosos documentos para reconstruir la historia.
Ahora tengo mucha expectativa con Maricarmen Regueiro y Carlos Montilla. Mi primera escena en TV la grabé con Maricarmen, por lo cual la recuerdo con mucho afecto; además de haber sido una actriz excepcionalmente solvente a pesar de su juventud.
Carlos es uno de mis actores imprescindibles. Ya ha estado en varias de mis radionovelas y destaco en especial el protagónico de Pepe Rey en Doña Perfecta, junto a Flor Núñez. Es uno de los intérpretes que siempre tengo presentes.
Desconozco el resto del elenco, pero confío en el criterio de Cimino para el reparto, siempre me ha sorprendido gratamente.
¿Te gustaría crearla visualmente?
¡Por supuesto! Pero sé que es complicado por ser de época. Lleva muchos personajes, carros; ¡hasta tanques de guerra, aviones y barcos!
Además, tiene escenas tan complejas como la toma de la Seguridad Nacional, la madrugada del 23 de enero, recogida por la historia como un acto que convocó a más de siete mil personas arremetiendo contra aquella mole gris de la Plaza Morelos, que fue saqueada e incendiada.
Allí ubiqué a la protagonista, luchando junto a la multitud por llegar hasta el edificio para saber de su hermano preso. Creo que es mi escena favorita, por representar el mayor acto de justicia en manos de los ciudadanos.
Otra difícil es el discurso de Fabricio Ojeda ante una multitud de estudiantes en el estadio universitario; pero no se puede dejar de soñar. Sería un gran reto de producción y cosas más grandes se han hecho…
¿La radionovela es un campo donde los escritores pueden desarrollarse y destacarse o consideras que puede ser tomado como un género inferior?
Definitivamente es un campo de desarrollo. Como periodista, aprecio los géneros que te sometan al diarismo y a producir grandes cantidades de material bajo presión y en breve tiempo. Es un entrenamiento insustituible para enriquecer el don.

Supe de dos personajes que tambien existieron como “La Guachara” y “la Samaritana” y le propuse a roa una nueva versión.
La experiencia maravillosa como en cada radionovela, entre las protagonistas no se puede hablar de diferencias puesto que son dos producciones distintas.
Así concluye esta entrevista a dos grandes personas y dos grandes talentos.
No me queda más que agradecerles a ambos por su colaboración. Invitar a todos de disfrutar de esta gran producción Este martes 30 de Octubre y recordarles que el género de las radionovelas tiene mas de 50 años realizandose, y ésta es una demostración de arte (tanto literario como de actuación) en todos los aspectos... ah! y que tal comentar los capítulos? Buenísimo!!