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Cap. Final
Vio marchar a Mauricio tomado de la mano con esa hermosa mujer, la trivial idea de que ahora ella podía ser llamada como la ex novia del prometido de Clemencia le produjo gracia, al parecer jamás sería conocida por su nombre, aunque afortunadamente la prensa no había invadido su vida. Quiso llamarlo, preguntarle como estaba, cómo superó todo lo sucedido, tenía la necesidad de recibir su perdón, de explicarle el por qué de su decisión y mucho más que eso, ser su amiga. Pero quizás a él no le importaba nada, todo lo que ideó se esfumó en un simple saludo, caminando lánguidamente al apartamento pensó como sería su vida si se hubiese casado, ahora estaría esperándolo para recibirlo con un beso y de seguro almorzarían fuera, ja, ya no hay esperanzas, ahora Mauricio es el novio de una de las mujeres mas hermosas del mundo y el recuerdo de ese amor quedará sepultado, sin embargo hay quienes dicen que los sentimientos son lo mas importante, así que sólo el físico de esa mujer no era el arma que podía retener a Mauricio, pero ahora nada más hay eso: recuerdos, aun así se preguntaba qué sería de su vida, había perdido a su familia, a sus amigos, y después de lo de anoche a lo mejor hasta la poca dignidad, ¿Dónde acudir? Ahora lo único que tenía era a Cesar.
Durante varios días él salía muy temprano, aun cuando ella dormía, y a veces llegaba ebrio cuando también ella dormía, así que algo a lo que presuntamente le tenía tanto miedo pasó a ser su compañera: La soledad, la cual era aplacada por libros, por la televisión y por la observación del mundo a través de la ventana unido a sus pensamientos, también por las tareas domesticas que empezaba a realizarlas con más facilidad y rapidez, y por mirar el techo gris del apartamento durante horas. Tuvo que comprar comida y otras cosas del hogar, ese día Cesar llegó más temprano y eso la alegró, conversaron un poco sobre el escándalo de los vecinos y su música, luego se sentó frente al televisor y Fabiana almorzó algo ligero, sola, observándolo desde la mesa, ahí sin camisa, su espalda amplia, hasta que el celular sonó y volvió en si, enseguida él se levantó y sin disimulo se colocó a su lado, era su forma de ser, siempre fue así, Cesar no permitía que Fabiana tuviera números telefónicos anotados de sus amigos o compañeros, no le gustaba que recibiera llamadas y para ella el hecho de sentirse tan celada, tan protegida era una forma de sentirse amada.- Es Alexandra. – Le dijo en voz baja, él asintió y fue al sofá otra vez. Fabiana se acercó y le acarició el cabello, pero no recibió respuesta
- Alexandra me invitó a comer, tenemos tiempo sin hablar.
- ¿Dónde van a verse? ¿Le dijiste que viniera? – Dijo Cesar.
- No, me dijo para ir al centro comercial y así la acompaño a hacer unas compras. No creo que Alexandra se atreva a venir hasta acá.
- Claro, le puede dar alergia a la niñita consentida.- Dijo cesar con ironía. – Es mejor que no venga, sino lo que hará es criticar y llevarle chismes a tu mamá.
- Si Alexa no viene hasta acá es por lo peligroso de la zona no porque se crea superior a nadie, ella es muy sencilla.- Dijo Fabiana
- Muy sencilla, la catirita que debe dormir con los ojos abiertos para que vean que los tiene azules. – Dijo y se tomó la cerveza de un solo trago.
- Cesar el hecho es si me dejas ir, es solo un rato.
- Si no la veo por aquí por supuesto que puedes ir, pero vienes antes de la cena, porque no me gusta prepararme nada de comer.
Caminamos un rato sin decir nada, observarla a los ojos me dolía, me avergonzaba o quizás no quería que notara que aun no encontraba la felicidad pero me costaba admitirlo, y todo aquello que vi en las clases de psicología general relacionado con la Gestalt empezaba a identificarse conmigo o tanto ocio hacia que le buscara una explicación a mi forma de ser y sentir. Como en un acuerdo tácito nos sentamos y pidió soda dietética para ella, café para mí.
- No vine aquí para juzgarte Fabi. – Dijo Alexandra mirándome a los ojos. – Tú eres mi hermana, mi amiga y tienes mi ayuda para todo. Mamá esta dolida, se ha encerrado en su atelier y ha hecho muchas pinturas, parece que la tristeza es su mejor musa.
Ambas sonrieron.
- Gracias Alexa, he pensado en ustedes día y noche, en papá, en los abuelos, en todo lo que pasó y como les pudo afectar.
- Te cuento que Ernesto y yo estamos peleados por eso. – Dijo Alexandra y Fabiana se asombró, continuó. – No dejaba de hacer bromas con tu gran huida, diciendo que iba a llevarme atada cuando nos casáramos, que me iba a colocar guardaespaldas, cámaras en la casa, que si huía me mandaba a secuestrar y yo no le veía la gracia.
- Tu novio siempre ha sido muy cómico – Dije mientras tomaba un sorbo de café. – No le prestes atención además ustedes se aman y viven peleando como niños.
- Es verdad, cuando me llame por tercera vez lo perdono. Lo haré sufrir un poco.
Sonreímos, suspiré y sentí nostalgia por esos momentos que compartíamos juntas, las alegrías, las tristezas, las rabias.
- ¿Y Mauricio, haz sabido algo de el?, me aterra solo pensar en verlo a la cara.
- Él sigue manteniendo contacto con mamá y a veces hablamos, obviamente que se ha distanciado, sin embargo es gran amigo de la casa, al igual que sus padres, por cierto está saliendo con Clemencia Narváez.
- ¿Clemencia Narváez? – Pregunté, tratando de recordar quien era.
- Es la modelo, la rubia de los bucles, es altísima… es la modelo de moda, está en todos los comerciales ¿recuerdas? Creo que estudiaron juntos.- Dijo Alexandra y encendió un cigarrillo.
- Si la recuerdo, siempre anduvo detrás de Mauricio pero él nunca le prestó atención.
- Ahora se les ve muy unidos, y de verdad espero que se enamore de ella y logre olvidarte.
Digerí cada una de sus palabras, se que una persona mas sincera que mi hermana no hay, tras su crudeza de decir las cosas había una gran verdad, y su objetividad era indiscutible. Sin embargo un sentimiento extraño embargaba mi corazón al saber que posiblemente ese ser tan especial ya me había dejado de amar, que ya yo no era esa niña mimada para él y que mi lugar era ocupado por una mujer sumamente hermosa, reconocida por ella misma y no por ser la hija de o la nieta de, de una forma muy veloz pasó por mi cabeza que Mauricio es mejor hombre que César. Y que Mauricio buscó una mujer mejor que yo.
- Seria egoísta de mi parte desear que ustedes vuelvan. – Dijo Alexandra. - ¿Tu como estas?, ¿necesitas algo? Dinero, ropa...
- No, no necesito nada de verdad, estamos bien. – Interrumpí.
Cuando volvió Cesar no estaba, se echó a la cama y abrazó a la almohada, escucho la discusión en el apartamento contiguo y al menos quiso pelear para no estar tan sola, ¿Cómo seria mi vida con Mauricio? Se preguntó, y miles de interrogantes desfilaban por su cabeza, tomó el teléfono y marcó su número, escuchaba repicar el celular, su corazón se aceleró, empezó a comerse la una del pulgar y luego con el dedo índice hacia un nudo en su cabello, Cesar entró, la observó y colgó la llamada, deseó irse lejos, cambiarse el rostro y ser otra, correr, volar, ser una niña y depender de sus padres. Esbozó una sonrisa y escondió todo ese mundo que llevaba dentro. Cesar le dijo que irían a una fiesta en casa de unos amigos e inmediatamente fue a vestirse, no sabia que ponerse y esperó contar con la aprobación de su marido. Optó por lo más sencillo, un jeans a la cadera y una blusa blanca con una chaquetilla rosa que combinaba con un cinturón y los zapatos bajos. Cesar es un hombre alto, corpulento, de piel morena y cabello oscuro, arrogante, inspira apatía. Al llegar todos voltearon a ver a Fabiana, es tan elegante, Cesar estropeaba su belleza y su aura angelical, le trajo una cerveza y hablaron un poco, luego se acercaron unos amigos y rieron juntos pero Cesar se marchó con ellos y la dejo ahí, sola. Caminó hasta el jardín, le gustaba la naturaleza, el aire fresco, no había luna, vio dos gatitos correr entre los arbustos. Ama a Cesar, pero le hace falta detalles para hacer mejor la relación, Mauricio era tan diferente, siempre tan pendiente de ella, tan caballero, ¿No era eso lo que me aburría de él? ¿Será que su condición de mujer la hacia tan inentendible?, ¿Por qué tantas comparaciones? Varios hombres la invitaron a bailar pero se negó, sabía como podría responder Cesar si la veía con otro, caminó hasta el recibo de la casa, la música era estruendosa, muchas personas reían, tomaban cerveza, y observó a Cesar con una mujer, hablaban amenamente y sonreían luego fueron a bailar. Fabiana volteó, caminó por el estrecho pasillo y salió otra vez al jardín, se sentó en un tronco y uno de los gatitos se acercó, un gatito blanco de poco mas de un mes de nacido, lo tomó entre sus manos y comenzó a llorar. Ese pequeño animal parecía entender sus lágrimas, su alma y la observaba pacientemente como queriendo ayudarla. Fue hasta el baño, se maquilló y luego se dirigió a donde estaba Cesar quien la tomó de la mano y la llevó hasta el auto. No hablaron durante el camino, él la observaba, pero su rabia no le permitía articular palabra alguna, al llegar al apartamento al fin le preguntó qué le sucedía y tras su silencio quiso besarla en los labios pero ella se apartó bruscamente.
- No tuviste la cortesía de presentarme a tus amigos, ¿Escondes que soy tu mujer?, jamás me sentí tan humillada tan ignorada, me sentía tan estúpida. – Dijo y se volteó.
- Deberías ser un poco más sociable. – Dijo Cesar y sonrió, ella se volvió y lo miró a los ojos.
- Son tus amigos, no los conozco. Tu deber como caballero era presentarme a cada uno, estuve sola toda la noche, tu deber como pareja era acompañarme, tu deber como mi marido era atenderme, ni me invitaste a bailar y rechacé todas las invitaciones mientras tú hablabas y reías con una mujercita que por encima se le ve que es una cualquiera.
- Estas celosa. – Dijo riendo a carcajadas y caminó hacia el sofá.
- ¿No tengo derecho a estarlo? – Dije y se detuvo. – Jamás debí haber ido a esa fiesta, jamás debí hacerte caso, observa como vivimos, no estoy acostumbrada a esto, te desapareces todos los días y no sé donde estás, no sé si regresarás, no sé quien eres ni que piensas, no estoy segura de si me amas y creo que mi batalla diaria es conquistarte, debo hacerme cargo de todas las necesidades de la casa, hasta de alimentarte, estoy harta de esta vida, !Estoy harta de ti!- Le gritó y él le dio una bofetada que la lanzó al piso, lo miró sorprendida y se colocó la mano en la mejilla, él la observó con temor pidiéndole perdón, ella corrió hasta su cuarto, cerró la puerta y se lanzó a la cama, y comenzó a llorar.
Caminaba por el Parque del Este, observando el pequeño estanque y las aves revolotear, las personas ir de un lado a otro, viviendo en su propio mundo, esa mañana pensó que debía reestructurar su vida, crearse metas, tan solo estaba existiendo y apartando a un lado lo que era vivir, quizás retomar sus estudios de Antropología, tal vez trabajar, no sabia de qué podía emplearse, podía enseñar a niños a leer, dar clases de estadística o de literatura, quizás hacer esculturas, lo que antes era su hobbie, trabajar en un museo. De pronto lo vio, ahí estaba él. Se escondió tras un árbol, Dios era él después de tanto tiempo, vestía un mono gris y estaba empapado de sudor. Era Mauricio, tan esbelto, tan rozagante como siempre. ¿Me acerco?, ¿me marcho?, ¿qué le digo? Respiró profundamente llenándose de valor y cuando dio el primer paso observó a la chica con los rizos más hermosos, era Clemencia, una joven que conoció hace algún tiempo y ahora ve a cada momento en los comerciales. Se besaron en los labios y sintió una enorme tristeza, pero era ella quien condujo a que todo esto sucediera.
- Hola Mauricio. – Dije
- Hola, espero estés bien. – Dijo Mauricio, tomó a Clemencia de la mano y se fueron trotando.
Se observó en el espejo, tenía la cara hinchada, ¿Cómo hablar en el matrimonio para que esto no suceda?, ¿era ella la culpable?, ¿el era muy violento?, ¿La monotonía lo destruye todo o es que a ella le encanta la aventura? Caminó por todo el cuarto, ahí estaba el gatito, lo tomó entre los brazos, se asomó a la ventana y observó a Caracas, ¿Para ser feliz debo estar casada?, ¿Tengo que soportarlo todo porque él es mi pareja? Su cabeza era un laberinto de preguntas, tomó el teléfono y decidió que esta vez si le hablaría, no sabía de él desde un día antes de la boda y necesitaba al menos saber que estaba bien.
- ¿Quién habla? – Dijo al fin durante esa espera que le parecieron horas.
- Soy yo, Fabiana.
No le permitió hablar mas, Mauricio colgó la llamada, sabía que él tenía razón de odiarla, fue hasta la cocina y le dio leche al gatito, no había nada de comer, es extraño ayer había comprado muchas cosas, se sentó en el sofá y encontró un arete que no le pertenecía, corrió hasta el cuarto contiguo y ahí estaba Cesar en el piso con una mujer al lado, desnudos, Fabiana cerró la puerta y deseó morir.
© Jesus Maury, 2007, todos los derechos reservados.
Caminé en la oscuridad de la noche, sin acordarme del miedo que me producía la luna llena. Todo estaba inmóvil y por un momento pensé que tan solo yo giraba en la tierra o que era parte de un sueño, preferí no pensar y vivir el momento sin suponer los acontecimientos futuros, decidí ser loca un instante y perder la razón quizás para detenerme tiempo después a discernir si lo que estoy haciendo es correcto. Me preguntaba qué artimañas usó para poder estar ahí detrás del árbol sin que los vigilantes lo hubiesen visto. Caminé apresuradamente y lo divise tras el tronco, sentado como un niño.
Esta tarde llegaría Alexandro directamente de Eslovaquia, luego de haber dejado la rectoría de la Universidad había estado en centenares de países, haciendo congresos y seminarios sobre economía y globalización, convirtiéndose en un gran apoyo para las naciones donde era invitado de honor, casi como un embajador. Alexandra decidió buscarlo al aeropuerto, Fabiana entre tantas actividades no podía acompañarla y añoraba verlo, hacía mucho tiempo que no observaba los ojos a su padre de forma real, sino a través de fotografías y por obra de la tecnología como la Internet. De alguna forma Alexandro siempre ha estado en contacto con sus hijas, desde que se separó de Fabiola. Hace dos horas había llegado Dona Ifigenia, estaba en la terraza tomado té de manzanilla, dialogando con Fabiana sobre el clima y los paisajes en Argentina, donde había estado con su hija mayor y su yerno, y aunque tratase de disimularlo se enojaba al recordar la posibilidad que don Amador también asistiera a la boda y con su actual esposa y tal vez sus hijos o nietos. Tantos años casados, tantos años transcurridos desde su separación, tanto compartir y ahora lo detesta. ¿Cómo un sentimiento tan puro te puede llevar a otro tan nefasto? ¿Quién odia será porque aun ama?.
Mauricio no dejaba de hablar de la boda, Alexandra traía un ramo de rosas, el director de la orquesta estaba al teléfono, mamá hablaba con el decorador y yo no podía dejar de pensar en Cesar; me preguntaba donde había estado estos dos años, Mauricio me abrazó y le sonreí, caminamos hasta la sala de estar donde lo dejé con mi hermana y papá que comentaba sobre sus viajes en Europa central, subí a mi cuarto y me lancé en la cama, enseguida sonó el celular.
-¿Fabiana eres tu?En ese instante sentí que el corazón se aceleraba, era su voz.
- Por favor no me llames, yo estoy a punto de casarme y amo a mi futuro esposo. – le dije de forma tajante, iba a colgar la llamada cuando escuché que dijo
- Te espero en el jardín esta noche, en el árbol, no faltes.
Todos dormían, observé a través de la ventana pero era inútil, la oscuridad de la noche lo envolvía todo y las ramas disminuían mi visibilidad, caminé con sigilo y salí por la puerta posterior, camine con cautela por el jardín y lo divisé atrás del tronco de mi árbol. Lo miré a los ojos, a sus ojos negros y traviesos, luego volteé, no quería que leyera en mis ojos que aun lo amaba.
-No quieres que descubras que mueres por besarme. – Dijo mientras se levantaba, sonrió y me abrazó fuertemente, quería detener ese instante, podía escuchar su corazón latir, el sonido de su respiración, sentir su cuerpo tibio
- ¿Recuerdas cuantas veces nos besamos aquí? y no solo eso… hacíamos el amor mientras todos dormían –Me dijo al oído mientras se separaba.
- ¿Dónde estuviste todo este tiempo? – Dije con firmeza y dejó de sonreír
- Esa es la respuesta que necesitas para estar segura de que te amo... yo puedo demostrar de muchas formas lo que siento por ti.
- ¡Basta Cesar! No quiero escucharte, mañana voy a casarme, mañana a esta hora estaré de luna de miel en Grecia, muy lejos de aquí y de ti.
- Estarás con un hombre que no amas – Interrumpió él, con tranquilidad, su tono de voz era sereno. – No lo hagas mi Fabi, no te sacrifiques de ese modo, no me mates en vida, huye conmigo, vámonos de aquí, de tanto protocolo, de tantas normas, amémonos como antes… quiero verte sonreír, gritar sin temer al que dirán.
Cesar me tomó en sus brazos y me besó, sentí su aliento, saboreé su ser, enloquecí con su aroma, lo observé a los ojos, no sé cuanto tiempo pasó pero volví en mí al escuchar el sonido de la bofetada que le di, corrí ahogada en lágrimas y subí a mi habitación.
La mansión estaba impecable, y desde el amanecer el decorador y sus asistentes estaban de un lado a otro, los criados no se daban abasto entre tantas llamadas telefónicas, tantos regalos recibidos, Doña Ifigenia leía cada tarjeta y Fabiola estaba feliz, Alexandra conversaba con su padre, era una oportunidad para aprovechar y contarse todo lo que había sucedido en estos años sin verse. A pesar de todo, la relación entre Fabiola y Alexandro es muy cordial, una relación que lógicamente se inició con un amor excelso, dando paso a discusiones consecutivas que abrieron un lugar para el odio, pero con el tiempo vino la reflexión y la calma, ya superaron la etapa del resentimiento, de la rabia y de la decepción, ahora son amigos, quizás ya dejaron de amarse y por eso pueden tolerarse. Fabiana en su habitación observaba el jardín, veía las rosas, algunas mariposas revolotear y la brisa estrellarse contra el enorme árbol, y como tantas personas caminaban de un lugar a otro dejando todo hermoso.
Mauricio pasó el pañuelo por su frente mientras el papá le daba una palmada en el hombro, observó el reloj, no sé cuantas veces lo ha hecho ya, mamá caminó hacia él, imagino que le dirá lo común que es la tardanza de las novias el día de la boda, la catedral estaba repleta y las flores perfumaban el lugar. Miré la hora y recordé por un instante la conversación que había tenido con Fabiana hace dos días, sentí una ola de calor al tener el presentimiento, casi la certeza de lo que podía ocurrir, rogando a Dios que sólo fueran ideas mías,
- Alexandra estas pálida, ¿te sientes bien? – Dijo Ifigenia
- Si abuela, solo un leve dolor de cabeza, debe ser por el ajetreo de toda la semana.
El abuelo estaba afuera, rodeado de periodistas, muchos enunciados hablaban del matrimonio de la nieta de Amador Monasterio, el famoso actor, de la hija de Fabiola Monasterio, la famosa artista plástica, y de Alexandro Pietri, el famoso economista internacional. Observé el reloj y habían transcurrido 20 minutos desde la última vez que lo vi. Tomé el teléfono y llamé a la casa, escuchaba repicar pero nadie lo tomaba, respire profundamente y decidí salir de la catedral. Al ponerme de pie, observé llegar el carro de papá.
- Pensé que vendrían en la limousine. – Dijeron a coro mamá y la abuela.
Papá salio del auto, todos esperábamos ansiosamente ver caminar a Fabiana con su enorme, hermoso e impecable vestido blanco, mientras los niños lanzaban, en una coreografía típica, pétalos en el piso como una alfombra, papá caminó lentamente, se acercó a Mauricio, me levanté junto a mamá y nos dirijamos al altar, necesitando saber que sucedía.
- Dejó una nota en el espejo de su cómoda diciéndome que te entregara esta carta. La llamé a su celular pero resulta que lo dejó sobre la cama, debajo del vestido de novia.- Dijo papá casi sin aliento, preocupado. –Abre la carta, no sé donde está mi hija, los vigilantes de la mansión la vieron salir en la limousine.
Como si estuviera fuera de la realidad, con los ojos desorbitados, empapado en sudor, Mauricio rompió el sobre y leyó en voz baja:“Lo siento pero he descubierto que no te amo lo suficiente para estar contigo. toda mi vida, es lo mejor para ambos, sé que es muy tarde, pero no tanto, para encontrar una nueva felicidad, perdóname por favor. Fabiana”.
_____....
Fabiana se despertó y él ya se había ido, por un momento pensó que jamás lo volvería a ver, pero recordó sus palabras y se calmó, ya habían transcurrido tres semanas y aunque se arrepentía de lo hecho disfrutaba plenamente de su amor por César, caminó por la habitación, abrió la ventana y tan solo vio paredes de concreto, hacia abajo miles de personas caminando como hormigas, y el ruido de las cornetas por el tráfico automotor, era un pequeño departamento ubicado al sur de la ciudad, modesto, sencillo, pero era su hogar, y ahí quería ser feliz, o por lo menos abría las cortinas para que la brisa le trajera un poco de sonrisas y calma, acompañada de la valentía que necesitaba para hacer lo que se había propuesto y que había pospuesto por 21 días: Ver a su familia. Bajó por las escaleras del edificio, algunos niños jugaban en ellas y algunas señoras estaban en la puerta conversando de todo un poco y la observaban analizando hasta su último cabello. Tomó un taxi, en el caminó pensó en las posibles reacciones de su madre, su padre ya se había marchado del país, sus abuelos también, todo había vuelto a la normalidad en la enorme mansión. Al descender del auto caminó lentamente, le permitieron la entrada y saludó a los vigilantes con cortesía, observó todo como si por primera estuviese ahí y abrió la puerta principal para encontrase detrás de ella a Fabiola que la observó con gran odio.
- ¿Te dignaste a venir y darnos una explicación? – le dijo con ironía, extendió la puerta y le permitió pasar, al pie de la escalera estaba Alexandra, sentada.
- Lo hice por mi y por Mauricio, no lo amaba mamá.
- ¿Y te diste cuenta que no lo amabas precisamente cuando él estaba en la Iglesia esperándote para casarse?, ¿pensaste en cómo pudo sentirse?, ¿todos estos días has pensado en la humillación que le hiciste a ese hombre excelente, que te amaba ciegamente? – Fabiola volteó mientras iba subiendo el tono de voz. – ¿Todos estos días has pensado en la vergüenza que nos hiciste pasar? ¡A tu padre, a tus abuelos, a mí!
Fabiana trató de contener el llanto y observó a su hermana tratando de obtener ayuda, pero en el fondo de su alma sabia que tenían razón, que su decisión pudo ser correcta pero tardía y que le había hecho daño a un buen hombre.
- Sé por qué lo hiciste… ¿O debería decir por quien? – Preguntó Fabiola
- Mamá vine a verte, saber como estabas, no quiero discutir contigo. Quizás en un futuro me entiendas…
-Lo hiciste por Cesar. – Interrumpió su madre, Alexandra se levantó y se marchó a su habitación. – Y no imaginas lo decepcionada que estoy de ti, que seas tan bruta, tan tonta y sigas amando a ese delincuente, a ese vividor, pero voy a darte una lección de vida Fabiana, aprenderás de tus errores y te alegrarás de tus éxitos, en este caso no contarás con mi ayuda, ni con la de Alexandra, sola enfrentarás lo que haz hecho.
Dos criados trajeron varias maletas y la colocaron en la puerta, Fabiana observó sorprendida, quiso abrazar a su madre, pero ésta se dio media vuelta, una lágrima rodó por la mejilla de Fabiola, pero la decisión estaba tomada.
- Vete Fabiana, y cuando te des cuenta de tu gran error, como una fracasada y consciente de lo que haz hecho, tal vez, regreses.
- Si quieres que regrese arrastrada, si lo que deseas para mi es la infelicidad jamás volverás a verme, mamá. –Dijo con seguridad Fabiana y se marchó.
Cuando Cesar vio las maletas se sorprendió, ella le comentó lo sucedido y luego lo besó en los labios, la abrazó fuertemente, la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama, se besaron con pasión mientras se acariciaban y se susurraban palabras de amor, se desnudaron lentamente y luego fueron uno solo.
Al despertar ya no estaba, observó el techo, las paredes grises, escuchó el transitar de los vehículos en esa ciudad congestionada y se preguntó como estaría Mauricio, fue hasta la cocina y no había nada de comer, pensó en como había cambiado su vida drásticamente y cómo por obligación o necesidad aprendemos tantas cosas: cotidianas, sencillas pero posiblemente complicadas para otros, como hacer un arroz, lavar la ropa, y lucir hermosa en un lugar que le empezaba a parecer deprimente, el sonido del timbre le hizo volver en si, extrañada abrió la puerta.
- Han dejado esta carta en conserjería, es para el señor Cesar. – Dijo una señora, alta, muy gorda, llevaba un pañuelo en el cabello y una bata algo sucia. Fabiana solamente la tomó y cerró la puerta tras de si sin decir ninguna palabra, inmediatamente abrió el sobre esperando conseguir alguna respuesta a sus preguntas.
Esa noche Cesar trajo algo de comer, se sentaron en el piso mientras veían televisión, la besó en los labios y ella sonrió, lo observo a los ojos y le entregó la carta, él la miró extrañado.
- Llegó hoy y me sentí con todo el derecho de abrirla. – Dijo Fabiana.
Todo el día después de leerla estuvo pensando en las incógnitas de Cesar, de su vida, de su relación, reflexionando mucho mas notó que no conocía a sus amigos, ni a sus padres, no sabia donde había estado todo este tiempo ni donde había nacido, y la interrogante de su desaparición por dos años volvía constantemente.
- Jamás me comentaste que este apartamento estaba hipotecado. – le dijo Fabiana. – Es una carta del Banco, debes pagar lo antes posible.
- No tengo dinero para pagarlo…- Dijo él en un hilo de voz
Cada palabra se quedaba grabada en su memoria, jamás habían conversado de algo trascendental, jamás habían hablado de sus vidas, y entonces ¿en que se habían ocupado todo este tiempo? ¿Quién era ese ser? O mejor dicho ¿Quién era ella misma?
- Todos estos días al despertar no estas… pensé que estabas trabajando… - Dijo ella en voz baja, muy cerca de sus labios.
- He trabajado, pero no he ganado lo suficiente para poder pagar todo esto... Es un trabajo aquí otro allá, nada estable.. Sabes que la albañilería es así… ahora me quitarán lo poco que tengo, es una maldición ser pobre, ¡maldita sea! .- Dijo Cesar y trató de contener el llanto pero no pudo. - ¿Ahora donde viviremos? Tengo que hacer algo mi amor.
Al verlo así lo sintió tan frágil que quiso protegerlo, era solo un niño de 1,85 cm. de alto y fornido que se veía tan indefenso y parecía poder moldearlo, quiso tomarlo en sus brazos como un recién nacido, sentirse necesaria le hacia sentir bien, pero un sentimiento de lástima venia mezclado en sus emociones.
- No te preocupes yo cancelaré todo, las tarjetas de crédito aun las tengo disponibles, ya saldremos de esto. – Dijo ella con dulzura mientras le acariciaba el cabello.
Comenzó a llorar, y Fabiana lo abrazó, Cesar le dijo al oído que le cancelaría hasta el último céntimo y que todo esto sería un préstamo, pero ella no le prestó atención, se besaron una y otra vez, y ahí hicieron el amor como locos, pero le urgía saber todos los secretos de ese hombre que tanto amaba. ¿Dónde estuvo estos dos años?
© Jesus Maury, 2007, todos los derechos reservados