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viernes, 28 de diciembre de 2007

EL MAXIMO GALARDON (II cap)


Retirada del blog, por desarrollo de historia y protección de autor

© Jesús Maury, 2007. Todos los derechos reservados.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

EL MÁXIMO GALARDÓN (novela)

Tomó mi cara entre sus manos y me obligó a tomar un poco de sopa, pero se la escupí en el rostro, me abofeteó y no lloré, contuve la rabia y esbocé irónicamente una sonrisa para demostrarle que ya nada me importaba, me dio otra bofetada, lo que anhelaba era que le suplicara perdón, que le rogara me dejara en paz o simplemente le gritara cuanto le odio, pero no podía darle ese placer, sería humillarme mucho más y darle pie para sentirse más triunfador, más poderoso.
Introdujo la cuchara hasta mis amígdalas, traté de tolerar la incomodad, me sacudí y caí atada a la silla, me observó con una mirada de locura y odio, vi un fuego infernal en sus ojos que me asustó, no podía demostrarle temor y sonreí a carcajadas, me lanzó el plato de sopa y sentí que la orina corría por mis muslos, apagó la luz y cerró la puerta tras de sí, dejándome así otra vez, atada de pies y brazos, tendida, suplicándole a Dios que por favor le quitara la vida.

Cuando llegó del trabajo subió a la habitación, dejo el portafolio en la cómoda y enseguida se acostó a mi lado, me besó en los labios y cerró el libro que estaba leyendo. Hacía tan solo segundos lo había visto en el comercial de la campaña antidrogas que a partir de la próxima semana inundará las vallas de todo el país, y ya lo extrañaba. Alí es el hombre que siempre quise me acompañara toda la vida, desde que lo conocí supe que era el príncipe azul de mis sueños de quinceañera, algunos decían que mi admiración se debía al éxito que tenía tras cada competencia, al verlo tan arriesgado, valiente, desafiando la vida, la naturaleza. Hasta llegué a dudar si mi amor era una mezcla de la necesidad de sentirme protegida, una sensación de estar acompañada por alguien reconocido, codiciado por las féminas, pero es que él nunca dejó de hechizarme con sus gestos, sus detalles y aunque tenía la duda de que el paso del noviazgo al matrimonio era sinónimo de monotonía él me ha demostrado que es sinónimo de aventura, crecimiento, pasión, necesidad del uno por el otro, ya hace cuatro años y parece que fue ayer cuando lo conocí. Cuando estando en la cúspide vi que el emergía, literalmente del vacío, cubierto de tierra, con algunos rasguños, había ganado. Era el mejor escalador y cada vez su aspiración aumentaba, la meta era alcanzar la cima mas alta. Recorriendo el mundo, llegando a la cima y tocar el cielo con el dedo índice, ahí estaba yo, para verlo sonreír y abrazarlo, respirar con calma porque estaba vivo y había desafiado la verticalidad de las montañas mas peligrosas. Hoy ya su éxito y reconocimiento es producto de sus hazañas, representa diversas marcas deportivas, campañas institucionales, dueño de una red de gimnasios y acosado por los medios por ser un gran atleta, aun mantiene su capacidad de competencia, quizás a un nivel gerencial y no deportivo como antes, para él la excelencia no tiene límites, es tan perfeccionista. Nos besamos largo rato, comenzó a desnudarme mientras me decía cosas al oído, despacio me envolvió con su cuerpo y me hizo comprobar una vez más que es el mejor hombre en todos los sentidos.

Algo extraño me perturbaba, volteé y noté que el chico que estaba sentado al frente también lo hizo, abrí la puerta rápidamente y subí a la habitación. Me asomé a la ventana y aun el joven estaba ahí, con la cabeza alzada tratando de ver a través de la cortina de mi cuarto. Bajé la persiana.

Me observé en el espejo, vi que venía en dirección a mi, me abrazó y me besó en la mejilla, sonreí, aunque peque de modestia este vestido negro de Versace me hacía resaltar la silueta y ver sensual.
- Estás hermosa, Su. – Dijo Alí. – Seré la envidia de todos los hombres, tus ojos azules resaltan mucho más cuando estás de negro, quiero hacerte el amor.
Sonreí y apliqué perfume.
- Llegaríamos tarde.- Me volteé y acomodé su corbata. – La crema y nata de la sociedad nos espera.
El mozo nos sirvió champagne, se presentaba a la prensa los nuevos diseños de la marca deportiva de la cual Ali era el modelo. Notaba que todos me observaban tal vez por haber salido en la revista de mayor circulación en el país la semana pasada como matrimonio del año; me tomaron varias fotografías y el reportero me invitó a bailar, observé a Renato y asintió con la mirada, me llevó de la mano hasta la pista, me rodeó con su brazos y cantaba en voz baja, se apegó un poco mas, su perfume me embriagaba, era mas alto que yo, se echó el cabello hacia atrás, es tan varonil, podía sentir sus músculos, me bañaba con su sudor y respiraba sobre su cuello, es tan elegante, baila tan bien, me trajo hacia él y por un instante deseé que me hiciera suya, observé a Alí, me miraba disimuladamente un poco disgustado, me separé brevemente con cautela, cerré los ojos e imaginé que me besaba.
- Eres tan delicada. –Dijo y abrí los ojos. – Tan hermosa, nunca me cansaría de ver tu fotografía, no debiste alejarte de la vida pública para vivir a la sombra del éxito de tu esposo.
Me separé repentinamente y me observó sorprendido, sonrió cortésmente.
- Eras la mejor del mundo, Su, no puedo dejar de halagar a una mujer bella, sensual… de quien siempre estuve enamorado.
Caminé entre las parejas que bailaban y me senté al lado de Alí que dialogaba con sus amigos sobre lo hermosa, inteligente y exitosa que fui como modelo y actriz y ahora como contadora. Tomé un poco de champagne y observé al reportero gráfico a tres mesas de distancia, levantó su copa y me guiñó un ojo, caminó hacia mí y volvió a fotografiarme, recordé aquellas largas sesiones en los castings, me miraba con tanto interés, sin parpadear, en sus pupilas se leía la palabra deseo y eso me asustaba.
- ¿Puedo tomar una foto al grupo? –Preguntó mientras se acercaba. Abracé a Ali y los flashes relampaguearon.
- La pareja Bulcre, un icono de la sociedad y de la perfecta relación de pareja. –dijo el reportero.
- Eso somos, hasta que la muerte nos separe. – Dijo Alí y me besó dulcemente en los labios.
Se marchó. Su rostro, su piel… lo vi marcharse, su espalda es amplia, su tez bronceada, el cabello largo y suave recogido en una cola, se detuvo en la puerta, volteó y sonrió, me volví y con disimulo viendo por el rabillo del ojo noté que se había ido, en la mesa reían a carcajadas no sé porque, Alí me tomó de las manos y me besó en los labios abruptamente como para demostrarle a los demás que es un macho cavernícola, un hombre que hace con su esposa lo que le da la gana, un ser apasionado.

Fe descendió del avión, algunos periodistas se le acercaron, conversó gratamente y enseguida subió al auto que la esperaba, guardó sus lentes oscuros, y observó la ciudad, a pesar del ruido, las personas deambulando, el tráfico absorbente, extrañaba todo aquello.
- Señorita a un lado están los diarios que me pidió, ¿Iremos a su casa primero o desea ir a otro lugar?
Hojeó dos periódicos, encendió un cigarrillo, y se colocó sus gafas.
- Iremos a otro lugar, tengo mucho tiempo sin ver a mis amigos. – Respondió.

Terminaba de realizar unos asientos contables cuando sonó el timbre, esperé que la criada fuese a abrir pero recordé que los miércoles es su día libre. Bajé las escaleras deseando que quien estuviese ahí se marchara, pero insistía, me detuve en el ventanal al pie de la escalera y el joven de la casa del frente estaba ahí, sentado en su casa, viendo hacía la mía, sus ojos negros eran enormes y contrastaban con su ropa, siempre oscura.
- ¡Amiga tiempo sin verte! – Dijimos al unísono al vernos y nos abrazamos. Nos mantuvimos así unos segundos mientras sonreíamos. Enseguida la hizo pasar y se fueron a la cocina.
- Hoy estoy sola, Ali está en uno de sus gimnasios, siempre está pendiente del personal, proveedores… ya sabes como es y la chica que me ayuda está libre hoy. – Le dije mientras la hacía pasar.
- O sea, que los miércoles sería el día ideal para portarte mal –Se miraron con picardía. – Teníamos casi tres anos sin vernos, poco tiempo después de casarte, decisión que aun no entiendo, así es el amor. Tu vida ha de ser tan aburrida.
- Digamos que diferente. – Interrumpí. – Hay cosas que quedaron atrás.
- ¿Las fiestas?, ¿Los chicos guapos asediándote y no saber con cual salir? Por ejemplo. –Exclamó Fe. – ¿Recuerdas que durábamos dos días bailando y después teníamos que ir a un desfile y tenían que maquillarnos por dos horas para desaparecer las ojeras?
Recordé aquellos tiempos, mientras preparaba unas margaritas. Era una etapa que ahora veía tan lejana, como si de otra persona se tratara. Me senté a su lado en el mesón, sonriente.
- Ya no tomo licor, a menos que sea una oportunidad especial como la de hoy, soy toda una señora, la señora de Bulcre.- Le dije y alcé el vaso.
- De verdad que te ves mas relajada, ¿Y dejaste todos los vicios? Yo tengo aquí un poco de…
- Si los he dejado Fe – Me apresuré en decirle antes de que abriera la cartera. - Así que aunque no critico que lo hagas, mi único vicio sería el café.
- No me gusta estar drogada sola. –Sonrió, caminó lentamente por la habitación y se detuvo frente a mí, muy cerca. - ¿Y esta ocasión es tan especial que estas tomando licor? – Me dijo al oído.
- Teníamos mucho tiempo sin vernos – Dije separándome y observándola a los ojos. - ¿Brindamos?
Fe le quitó el vaso y tomo un sorbo, se lo devolvió y caminó hasta la sala principal. Se sentó en el sofá y la observó lentamente de pies a cabeza.
- Tu foto está en todos los diarios, sigues siendo noticia, aunque no el motivo principal de ellas. Todo por ser la esposa del gran ex atleta, Ali Bulcre.
- No sabía que ya las hubiesen publicado – Me levanté y tomé el periódico que Fe extendía.
- Te ves muy hermosa, y algo muy curioso en este diario es que tu foto es la única a color.
Observé las fotografías, estábamos en grupos con nuestros respectivos nombres, en una sección estaba yo, con mi nombre en letras cursivas y a todo color, no sé que se proponía ese reporteo, Jim Rivero, leí en la parte superior izquierda.
Fe recibió una llamada telefónica y se marchó. Esa tarde cuando Ali llegó me besó hasta agotarse, estaba tan feliz porque todos sus empleados, socios, clientes, amigos, familiares y demás lo felicitaron por tenerme como esposa, me obsequió un hermoso collar de corales, dentro de mi sentí que era una forma de estimularme a ser mas hermosa, mejor en cada uno de los aspectos en los que me desenvuelvo, hasta en el de posar a su lado. No dejaba de halagarme, y en ese instante deseé ser yo, sin maquillaje ni peinados, sin ropa de marca, y ser solo una mujer desnuda, desnuda ante el mundo, con conflictos, complejos, sentimientos, virtudes y defectos. Anhelaba escuchar que estaba haciendo algo mal, quizás cansada de recibir siempre excelentes comentarios. De pronto todo me pareció tan frívolo y tal vez por eso deje las luces, el escándalo, esa vida salvaje y volátil que llevaba, anhelando pasar desapercibida ante la multitud y ser reconocida por ser quien y como soy, una mujer inteligente, íntegra, con mucho mas que una cara bonita que ofrecer.

Encendió la luz y cerré los ojos, había estado no sé cuantas horas a oscuras, me abrazó y comenzó a llorar, quise golpearlo pero no podía ya que estaba atada, lo observé con tanto odio y me observó con lástima, debo estar hecha una piltrafa. Comenzó a desnudarme, no tenía fuerzas para resistirme, vertió el agua sobre mi y luego pasó la esponja sobre mi pecho, estaba adolorida, mareada, llena de rabia y desesperanza. Sus manos me asquean, detesto su cercanía, pude notar que el hecho de tocarme le excitaba y eso me asustaba, le creía capaz de todo, enjabonaba mis muslos y sentía que lentamente sus dedos entraban en mí. Quería escapar, vengarme, me moví un poco, lo que me causó un gran dolor, al levantar el rostro le escupí y me abofeteó, grité fuertemente pero ahí era imposible que alguien me escuchara, buscó una mordaza que a partir de hoy me la quitaría solo para comer, se aferró a mi y lloré de impotencia, rabia, indignación, asco y me hizo suya a la fuerza.
A
(Continuará...)
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© Jesus Maury, 2007, todos los derechos reservados.


Pronto espero publicar esta historia por y para el disfrute de todos. Libros, ebook, pelicula, serie. Espero lograrlo!!!!

domingo, 4 de noviembre de 2007

HUELLAS IMBORRABLES

Bienvenidos a Desenterrando Artes y Más...
Debido a que personas cercanas a mí les ha costado conseguir el orden de los capítulos ya que no son muy diestros en internet (aparte que de este modo al querer presentarla doy un solo link y nos ahorramos tiempo) coloco aquí los 6 Cap. de mi novela. Al hacer CLICK SOBRE CADA IMAGEN.
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Asi invito a quienes no la han leido, a disfrutrarla!...

NOTA: ESTA EN ORDEN DESCENDENTE. INICIAR CON LA ULTIMA IMAGEN.











sábado, 27 de octubre de 2007

HUELLAS IMBORRABLES

Cap. Final

Lanzó la puerta tras de sí, envuelta en odio, desesperación, dudas, tristeza… en su alma como un volcán hacían erupción varios sentimientos, distintas emociones. Tiró un florero al piso llena de furia, él la engañaba todo este tiempo y ella como una imbécil le creyó todo mientras el mundo le gritaba que estaba equivocada; estaba tan claro, pero no podía soportar más mentiras, hoy era el día de escuchar dónde él estuvo esos dos años y lo más importante: ¿Por qué regresó?

Fue a su cuarto y apoyada en la almohada recordó día a día todo lo que ha sido su vida a partir de la decisión de no casarse y la carencia de voluntad para luchar, seguir adelante y defenderse por si misma, lloró, y sentía olas que se movían en su corazón, contempló el techo de la habitación, y estuvo ensimismada por horas esperando que Cesar llegara, recordando a cada instante las palabras de esa mujer “mi esposo acaba de salir” ,el cielo oscuro dio paso a un amanecer repentino, lluvioso, el sol se asomó a través de su ventana cuando eran las 10:00, se observó al espejo y sabía que algo debía hacer, la tarde pasó rápidamente y otra vez la luna brillaba en lo alto y su mirada perdida en algunos momentos se enfocaba en la puerta que deseaba que se abriera para que Cesar apareciera, pero los días pasaron y él no llegó. Ya la comida se había acabado, vendió algunos vestidos para comprar algo y otro giro de la hipoteca había llegado, y no encontraba a su alrededor alguna solución. Esa mañana se despertó, se asomó a la ventana, respiró profundamente y una vez más observó al mundo y sabía que la tierra seguía girando y que si continuaba detenida iba a caerse de él. Hoy era el día, tenia que saber donde estaba Cesar, para recriminarle el por qué de su cobardía, para saber el por qué de su regreso, el por qué se fue por dos años.

Descendí del auto echa un manojo de nervios, guardé el reloj en la cartera y me dirigí a esa casa, no podía retroceder, ya todo estaba decidido y debía afrontar a toda costa las consecuencias de lo que habría de enterarme. Esperé un momento luego de tocar la puerta por segunda vez. Abrió la misma mujer de aquella vez, quien bajó la cara al observarla, pero pude notar el golpe que llevaba en su ojo derecho.
- Vengo a hablar con usted, no sé quien es realidad, lo cierto es que soy una víctima de Cesar Durán, una idiota que creyó en él, vengo a que sea usted quien me explique porque la cobardía a él le impide decírmelo, donde estuvo hace dos años, estoy segura que debes saberlo. – Le dije observándola, con seguridad. – Pensara que estoy loca, o que soy una cualquiera, tan solo hace tres semanas me enteré de su existencia, quiero hablar con él, que me diga por que me dejó hace dos años y por que regresó.
La mujer permaneció callada uno segundos.
- Cesar es un animal. – Dijo ella mientras subía su rostro, había dolor en su mirada, y su voz casi iba al llanto. – Me golpeó por haberle dicho que era su esposa y antes de que me ponga otra mano encima por lo que le diré, lo denunciaré, yo no me dejaré golpear por ningún hombre, yo puedo valerme por mi misma y no lo necesito.
- ¿Dónde esta él? – Interrumpí.
- No lo sé, pero en cualquier momento aparecerá, la policía lo está buscando.
Sus palabras me asombraron pero quise disimular, sentí que el aire me faltaba pero debía escuchar todo, ella prosiguió.
- Él no le dice la verdad no porque tenga miedo, sino por conveniencia. Esos dos años Cesar estuvo en la cárcel, preso por tenencia de drogas e intento de asesinato, me dejó sola con un niño, y ahora que está en libertad condicional la única alternativa que tenía para salir adelante era quitarle su dinero, usted no podía conocer su pasado, yo no estuve de acuerdo, pero ¿qué podía hacer?, tuve que aceptar cada una de sus condiciones, él no la ama, nunca la amó, solo quería su dinero para poder mantenerme y mantener a nuestros hijos, al parecer no todo le estaba saliendo como lo planeó y estaba pensando en dejarla y conseguir otra.

Corrí, corrí desesperada hasta caer ahogada en lágrimas, miré el cielo que estaba nublado, cerré los ojos y vi que mi vida se había convertido en una maldición, lloré hasta desangrarme y no tener fuerzas para odiar tanto a Cesar. Caminé desolada, con ansias de morir, él me mintió siempre, llegué al apartamento me lancé a la cama, observé la foto donde estábamos juntos, leí las cartas que me envió hace tanto tiempo y después le prendí fuego y mientras el papel se consumía pedí a Dios que me diera fuerzas para odiarlo más, para olvidarlo, para comenzar una nueva vida, recogí las cenizas y las lancé por la ventana y al verla suspendidas en el aire quise dejar flotar mi alma, quizás así mis recuerdos volarían hasta desaparecer, pero era imposible, estaba marcada, Cesar era una huella imborrable en mi vida, Mauricio, ¿Quién era en realidad Mauricio para mi?, no sabía como llamar a ese sentimiento tan especial y ya no valía la pena preguntarse ni ahondar en ello, hoy ya era imposible.

Caminó por el jardín, el sol iluminaba las rosas, el cielo estaba adornado de nubes rebosantes, la brisa era cálida y lavaba su rostro y sin saber cómo llegó hasta su casa, pensando en qué hará después de hoy, se tendió en la grama aun húmeda y una vez más comenzó a llorar, corrió por el jardín hasta llegar al árbol, su árbol, y abrazarlo y mientras sentía que el alma salía por sus ojos convertidas en lágrimas comenzó a trepar y mientras recordaba cada humillación, cada instante de soledad, cada discusión, cada ausencia, cada mentira mas rápido iba subiendo hasta darse cuenta que estaba en la cima del árbol y desde ahí podía contemplarlo todo, ese todo estaba vació o por lo menos no poseía lo que ella esperaba que se repitiera y que al parecer era imposible, se había perdido todo en un abrir y cerrar de ojos, no había quedado rastros y sabía quien era la única culpable: ELLA. Se colocó de pie equilibrándose en una de sus ramas, quería liberarse de su desdicha, de esa gran tormenta que fluía por sus venas.
- ¡Fabiana! – Gritó su madre. - ¿Qué haces?
En ese instante Alexandra llegó asustada acompañada de Ernesto, su novio.
- ¡Es Fabiana!, está en el árbol... – Le dijo a Alexandra y ésta subió la vista, se sorprendió al verla en lo alto.
- ¡Fabiana! Baja de ahí, por favor, baja. – Gritó Alexandra. – Entra a la casa, ahí podremos hablar como las amigas que somos.
Desde lo alto ella las observó, pero en su mente solo escuchaba las palabras de aquella mujer: “Cesar nunca te amó”.
-¡Fabiana no me hagas esto por favor! - Gritó Fabiola llorando, recordando que su hijo mayor había muerto en trágicas circunstancias.
Los vigilantes se acercaron y los criados también y todos le gritaban pidiéndole que reaccionara, Fabiana se sentó lo cual les produjo cierta calma, pero continuaron pidiéndole que bajara, comenzó a lloviznar y aunque Fabiola y Alexandra estaban vestidas y arregladas para ir al matrimonio de Mauricio no se quitaron del pie del árbol. Sin volver en sí aun Fabiana comenzó a descender por cada una de las ramas, cautelosamente, con la mirada perdida, mientras su madre rogaba a Dios que no le pasara nada. Cuando estaba cerca del suelo Ernesto le tendió la mano y la abrazó, acto seguido todos corrieron hacia ella y la abrazaron, Fabiola lloró sobre su hombro y la condujeron a la habitación.

Estaba envuelta en una sabana blanca, desperté y noté que estaba en mi cuarto, no sabía cuanto tiempo había pasado, quizás horas o solo minutos, pero estaba en su casa y no recordaba como había llegado allí. La criada le trajo un té, le sonrió levemente y como un relámpago recordó todo lo que había sucedido y me agité, quise salirme de la cama pero la criada me detuvo.
- Su mamá me dijo que la atara si era preciso señorita. – Dijo la chica de servicio.
- ¿Donde está mama? – Le pregunté. – Quiero verla, hablar con ella, con Alexa.
- Regresan dentro de poco señorita, están en el matrimonio del señor Mauricio. Estuvieron a su lado hasta hace unos minutos y me pidieron que la cuidara y no la dejara salir.
Tomé un sorbo del té, la puerta hacia el balcón estaba cerrada, sonreí, quizás creen que sería capaz de lanzarme, “si me hubiese casado con él” comencé a recordar otra vez a esa mujer “Cesar solo quería su dinero” me lancé al piso, “él estaba pensando en dejarla” en ese momento entraron a la habitación, se limpió las lágrimas y al subir la vista era Cesar.
- Solo quiero decirte que…
- ¡Quiero que te vayas muy lejos! – Interrumpí y lo observe a los ojos, caminé hacia él. – Si en el próximo minuto no te vas de mi casa seré capaz de matarte así sea con mis manos, no quiero escuchar una maldita palabra tuya.
- Quizás pronto me condenen por no cumplir con mi libertad condicional, pero antes de perderme quería decirte que mi corazón es tuyo.- Dijo con dulzura y una sorprendente tranquilidad.
- Me das lástima Cesar, eso es lo que puedo sentir por ti, quizás estar a tu lado era sentir que valía como ser humano porque ayudaba en algo la humanidad en regenerar a un ser tan despreciable como tú.
- ¡No voy a permitir que me insultes! – Dijo Cesar y levantó la mano desafiante, me acerqué sin temerle.
- Me pones un solo dedo encima y te cortó la mano. –Dije sujetándosela. – Y sabes, no te odio, acabo de darme cuenta que odiarte seria tenerte presente, seria una forma de amarte, siento por ti una profunda decepción, y una enorme lastima, por tu esposa y tus hijos, solo quiero que salgas de mi vida, no porque te desprecie sino porque seria recordarme lo tonta que fui.
Acto seguido le di una bofetada que lo lanzó al piso, se levantó rápidamente y me quedé inmóvil, esperando su reacción pero se limitó a observarme asombrado.
- Esa bofetada fue por la que me diste una vez. Ahora márchate antes que llame a los vigilantes. ¡Vete! y suerte en la cárcel.
Di media vuelta y escuché la puerta cerrar, sonreí, me sentí única, valiente, desafiante, íntegra, al fin me sentí viva y comprendí algo muy importante: Toda decisión es una determinación que debe conllevar a la acción, y algo tenia que hacer, sin importar las consecuencias sabia que cada experiencia me haría crecer y que dentro de mi estaba la fuerza para salir adelante si era necesario sola, tal como lo haría aquella mujer que teniendo dos hijos decidió luchar por ella y su familia.Sin que se percataran salí de la habitación, noté que no había nadie, y me escapé por la puerta trasera de la mansión.

Mauricio estaba feliz, ahí al frente estaba ella, una mujer a la que amaba, hermosa, inteligente y lo más importante, lo amaba también. En su letargo podía escuchar el canto del Ave Maria y observar la felicidad en el rostro de cada uno de los invitados. Clemencia sentía la dicha tomada de la mano, y soñaba con una felicidad eterna al lado de ese hombre que tanto ama. Mauricio subió el velo y le besó dulcemente en los labios, todos aplaudían y cuando dio media vuelta se sorprendió, ahí en la puerta estaba Fabiana, al ver la mirada del recién casado todos voltearon para descubrir qué sucedía y reinó el silencio en el lugar, Fabiola se puso de pie, Fabiana, caminaba por el pasillo, hermosa, segura, con un aura especial que la envolvía y los flashes relampagueaban en su rostro, como una película en cámara lenta sus pasos eran contados y se hacían eternos para llegar a su destino, estar frente a Mauricio.
- Felicitaciones. – Dijo cuando llegó hasta él y lo abrazó fuertemente. – Eres un gran hombre y te mereces lo mejor.
Clemencia y Mauricio no articulaban palabra
- Sé que se irán muy lejos y antes de eso tenia que pedirte perdón por lo que hice, ya ha pasado tiempo y hoy me demuestras que has dejado atrás todo lo sucedido, pero mi ser exigía que te debía un perdón con toda la sinceridad y desearte lo mejor del mundo.
- No te preocupes, todo quedó atrás Fabi. –Dijo Mauricio suavemente y observó nervioso a Clemencia. Fabiana prosiguió.
- Es un gran hombre, Clemencia. Te felicito. Y ambos tienen en mí una gran amiga.
Acto seguido los abrazó, les dio un beso en la mejilla. Observó a su madre, le guiñó un ojo haciéndole entender que todo estaba bien, dio media vuelta y se retiró.

Habían transcurrido algunos días, Fabiola llamó desde Buenos Aires preguntando como estaba todo, y todo marchaba bien. Ernesto conversaba con Alexandra en el jardín y Fabiana estaba en su habitación ordenando sus libros, mientras escuchaba música, tranquila, relajada. Había averiguado en la universidad sobre el proceso de reinscripción e inicio de clases, y había decidido también comenzar a trabajar, quizás en un museo, o como asistente de un reconocido antropólogo. Observó las noticias, hablaban del matrimonio de la top model Clemencia con Mauricio Córdoba y la aparición de la ex novia de éste quien no es más que la hija de la artista plástica Fabiola, del economista Alexandro Pietri, la nieta del famoso actor Amador Monasterio. - ¿De que te ríes? – Preguntó Alexandra entrando a la habitación y acostándose a su lado.
- Algún día quiero que me llamen por mi nombre, la famosa Antropóloga Fabiana Pietri Monasterio.
Sabia que para ello era necesario la acción, porque así lo había determinado. Terminaría su carrera, luego de regresar de su viaje a Eslovaquia donde estaría con su padre.
- ¿Que tal si competimos cual de las dos llega mas alto al árbol? – Dijo Alexandra y ambas corrieron hasta allá, recordando cuando jugaban siendo niñas. Mientras la música aun sonaba en la habitación.



© Jesús Maury, 2007, todos los derechos reservados.

sábado, 20 de octubre de 2007

HUELLAS IMBORRABLES

Cap. Anterior Vio marchar a Mauricio tomado de la mano con esa hermosa mujer, la trivial idea de que ahora ella podía ser llamada como la ex novia del prometido de Clemencia le produjo gracia, al parecer jamás sería conocida por su nombre, aunque afortunadamente la prensa no había invadido su vida. Quiso llamarlo, preguntarle como estaba, cómo superó todo lo sucedido, tenía la necesidad de recibir su perdón, de explicarle el por qué de su decisión y mucho más que eso, ser su amiga. Pero quizás a él no le importaba nada, todo lo que ideó se esfumó en un simple saludo, caminando lánguidamente al apartamento pensó como sería su vida si se hubiese casado, ahora estaría esperándolo para recibirlo con un beso y de seguro almorzarían fuera, ja, ya no hay esperanzas, ahora Mauricio es el novio de una de las mujeres mas hermosas del mundo y el recuerdo de ese amor quedará sepultado, sin embargo hay quienes dicen que los sentimientos son lo mas importante, así que sólo el físico de esa mujer no era el arma que podía retener a Mauricio, pero ahora nada más hay eso: recuerdos, aun así se preguntaba qué sería de su vida, había perdido a su familia, a sus amigos, y después de lo de anoche a lo mejor hasta la poca dignidad, ¿Dónde acudir? Ahora lo único que tenía era a Cesar.
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Fue al sofá sintiendo el corazón latir con mucha mas fuerza, las lágrimas corrían sin parar, la decepción, la rabia, el orgullo herido la invadía y no sabía como actuar, quería gritarles, golpearlos, asesinarlos, pero también huir, huir de todo. Se levantó y suspiró profundamente, la escena se repetía en su mente una y otra vez, ahí desnudos. Bajó las escaleras velozmente, todos los inquilinos estaban en sus puertas observándola, parecían que todos eran testigos de su vida y todos cómplices de lo que hacía Cesar, cualquiera de ellos podría tener información de cómo metió a esa mujer al apartamento. Caminó, caminó sin pensar, sin sentir, solo flotaba en un espacio, etérea, inerte, como muerta en vida, caminó tanto, llegó al parque del este, tomó un poco de agua y se sentó frente al estanque cuando de pronto vio a Mauricio y se olvidó de toda su desgracia.
a
Cuando Fabiana llegó preparó algo rápido de comer, Cesar la abrazó y le pidió que la soltara, le suplicó perdón por lo ocurrido ayer y ella fue hasta el cuarto y se asomó a la ventana, ahí afuera estaba todo: la gente, la tecnología, el mundo que quería conocer y que no estaba segura de disfrutarlo con él, Cesar cerró la puerta y volvió en si, lo vio a los ojos y se preguntaba porqué lo amaba tanto, él no se lo merece
- ¿No piensas perdonarme? – Dijo él con voz entrecortada.
- Hoy te vi en el cuarto de huéspedes con una mujer. –Le dijo en voz baja. – No sabes lo mal que me sentí al ver con mis propios ojos quien eres y qué eres capaz de hacer, comprobar que no me amas de verdad, que todos tenían razón y lo peor es que soy una pobre tonta.
- ¡Si te amo!- Interrumpió. – No sé por qué destruyo todo lo que toco, a veces soy tan bruto que no me doy cuenta del daño que le puedo hacer a otros, ¡es que soy tan idiota!- Gritó y golpeó fuertemente la pared, pasó las manos por su cabello y se limpió las lágrimas, prosiguió. – Me dejé llevar por mis impulsos, por la rabia, no medí las consecuencias mi Fabi, perdóname… quizás eso no basta pero es lo único que puedo pedirte, perdón, te amo y te juro que no volverá a pasar.
Comenzó a llorar desesperadamente y se recostó de la pared, Fabiana sintió lástima pero se contuvo y salió de la habitación, fue hasta el recibo y se lanzó al piso donde lo escuchaba llorar, su mente estaba en blanco, quiso desaparecer, se dirigió al cuarto y lo besó en los labios mientras lo desnudaba, se besaron con ahínco, sus ojos destellaban deseo, se besaron hasta el último poro, hasta que al final, en el piso, dieron rienda suelta al placer, a la pasión.
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Durante días estuvo leyendo algunos libros de la universidad, pensando por instantes si volvía a estudiar y cómo decirle a Cesar que quería hacerlo, quizás el se opondría porque evitaba a toda costa que ella tuviera contacto con el resto del mundo, y lo que antes le parecía un acto de amor ahora le empezaba a agobiar, a sentirse presa dentro de ese cuarto, dentro de su mismo cuerpo. Cuando sonó el teléfono abruptamente deseó que fuese Mauricio, dejó las bolsas de comida que acababa de comprar y atendió. Era Alexandra pidiéndole le acompañara a ir de tiendas, ya que Cesar no estaba y quizás llegaba antes que él regresara aceptó. Ordenó los enseres, revisó las facturas y decidió preocuparse por los gastos después, ya las tarjetas de crédito estaban llegando a un límite y los intereses por mora aumentaban más.
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- Hablé con papá ayer en la noche, en Eslovenia amanecía, me contó que estaba muy bien, el fin de semana estará en Francia, va con nuestro hermanito, que curioso tener un hermano europeo que no conocemos. – Dijo Alexandra mientras se quitaba los lentes de sol y caminaban por la tienda observando todo.
- Si, tan solo lo conocemos por fotos. Quisiera hablar con papá, no sé de él desde hace tanto. Y Mamá, ¿Cómo está?-Preguntó Fabiana.
- La abuela le consiguió una exposición en Buenos Aires, es de varios artistas latinos, estará un mexicano y un chileno también. Será dentro de tres semanas, está muy animada con eso, porque ha estado muy distante últimamente, también me pregunta por ti, pero no te perdona. Su exposición será al día siguiente de la boda de Mauricio, partirá después del matrimonio a Argentina – Dijo Alexandra con tranquilidad.
Esa noticia recorrió cada uno de los sentidos de Fabiana hasta estallar en su cerebro, tardó segundos en reaccionar y hasta dudó de haber escuchado bien, ante su gesto de incredulidad, sorpresa, negación, rabia, decepción y un mínimo de alegría, Alexandra explicó mejor.
- Si Fabiana, se casa con Clemencia, y nos han invitado. Mamá y yo luego de pensarlo decidimos ir un rato, con mi novio, no estaremos a gusto, pero por cortesía debemos estar ahí, además nuestras familias a pesar de todos siguen siendo amigas.
- Es demasiado rápido. – Dijo aun sorprendida Fabiana.-
Han pasado algunos meses desde que sucedió tu huida. Y la boda de ellos dicen que será tan pronto porque Clemencia tiene un contrato que cumplir en Japón y Mauricio decidió hacer un postgrado y dejar sus negocios en manos de su padre, nada mejor para un informático que estudiar en Asia. Antes de marcharse quieren casarse. Claro el día de la boda, la familia de Mauricio estará en casa de la novia. Para evitar su fuga.
Ambas sonrieron. Alexandra aunque es la menor posee una seguridad y madurez de la que muchos dicen carece Fabiana.
- Es increíble como aquello que antes era un problema, una tristeza, ahora nos cause gracia. De verdad le deseo toda la felicidad del mundo. En tres semanas ya no habrá vuelta atrás. – Dijo Fabiana suspirando.
Alexandra se probó un vestido, le regaló unas botas a Fabiana, caminaron un poco más y luego se sentaron a comer.
- ¿Como estas con Cesar?, jamás hablas de él. - Preguntó su hermana.
- Estoy bien. – Se limitó a decir. Volteó casualmente y a través de los enromes ventanales del centro comercial pudo ver a gran distancia que Cesar se encontraba en la acera, al frente, se levantó y corrió hasta el ventanal, Alexandra la miró asombrada y la siguió. Había visto bien, era César.
- ¿Qué sucede? – Preguntó Alexandra. – ¿Vistes un fantasma?
- Es Cesar, allá abajo. – Lo señaló. – Está vestido con un sweater que le regalé hace días.
- No es de extrañar que le des todo. No sabes cuanto detesto a ese tipo.
- Pero es que no entiendes...- Dijo Fabiana. - Está muy impecable, y no debería estar aquí, y tampoco debería estar vestido así.
- No sé de que habas. – Dijo Alexandra extrañada.
- Él está trabajando en construcción, debería estar lleno de polvo, para ser más lógicos, él debería estar trabajando ahorita. – Dijo en voz baja, pensativa, analizando todo y tratando de escudriñar a tanta distancia cada gesto. ¿Qué hacia en esa zona tan lejos de casa? ¿Que hacía cada día?¿Por que no vestía la ropa con la que salio del apartamento en la mañana. ¿Dónde estuvo esos dos años? Vio desde lo alto que tomó un taxi, respiró profundamente, pidió un mocaccino, hablaron un rato más, Fabiana le dijo que se quedaría un rato en el centro comercial cuando Alexandra le dijo para llevarla a su casa, algo extrañada se retiró, sabía que no todo marchaba tan perfectamente como Fabiana lo hacía aparentar, dudaba si decirle a su madre todo lo que estaba sospechando, pero prefirió callar y esperar. Pasaron algunas horas y Fabiana se asomaba a la ventana reiteradamente, tomó otro café, entró al cyber y casualmente pudo hablar con su padre a través de esa gran herramienta que es la Internet, no ahondó en detalles, pero le dejó entrever que quería marcharse lejos y él le insinuó que Europa Central queda a mucha distancia de Caracas. Caminó nerviosa hacia la ventana y ahí estaba, el mismo taxi, bajó rápidamente, las nubes estaban grises, el viento era frío.
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Mauricio estaba al pie del altar, observó el reloj y aunque no quería pensar en lo que sucedió, ese triste recuerdo venía a su mente, su madre lo observó desde el primer puesto y le sonrió tratando de otorgarle algo de calma, algunos periodistas aguardaban afuera, al fin llegó ella, Clemencia, mas hermosa, mas delicada, resplandeciente, sonrió desde la puerta y la marcha nupcial comenzó. Fabiana observó el reloj, faltaba poco, y corrió, hoy tomó una decisión: Toda determinación que tomara la llevaría a cabo, toda decisión conlleva a la acción, sería mas espontánea y lucharía por lo que quería y lo que pensaba, aprendería de cada error y cada experiencia negativa seria una enseñanza, cruzó la esquina, respiró profundamente y se detuvo en la entada de la Catedral.
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Se dirigió al taxista, con toda la seguridad de que era la misma persona con la Cesar había conversado pensó que podía descubrir muchas cosas.
- Buenos días. – Dijo con Firmeza. – Podría llevarme a la misma dirección donde llevó al señor del sweater blanco, hace dos horas aproximadamente.
El chofer la miró extrañado, dejó escapar una bocanada de humo y lanzó el cigarrillo a la acera.
- Era un señor alto, moreno. – Prosiguió ella
.- Sí, lo recuerdo. – Dijo el señor interrumpiendo y sonrió, dejando ver su maltratada dentadura. Mientras se dirigían al lugar, su imaginación no descansó, no sabía si ese desconocido la estaba llevando a donde quería, pero el paisaje iba cambiando drásticamente y observaba zonas tan pobres que jamás había visto. Apretó el celular, si algo le sucedía bastaba con llamar, ¿a quien?, empezó a comerse las uñas, si Cesar estaba ahí, ¿Qué hacia?, pensó en miles de cosas que podría hacer y eso la aterraba más, lo conocía tan poco, ¿Qué haría Cesar esos dos años?, se mordió el labio inferior, ¿Cómo averiguarlo?, tenia que dejar el miedo y enfrentar la vida como es, tenía que adaptarse a la soledad si era preciso, ¿vivir conmigo misma me aterra tanto? tenia que aceptar que había crecido, madurado y que podía valerse por sí misma. Llegaron. Era un barrio de clase baja situado al oeste de la ciudad, algunos niños corrían descalzos y un grupo de hombres tomaban cerveza en la esquina, se armó de valor y se dirigió a ellos.
- Buenos días. – Dijo observándolos a los ojos. - ¿Dónde puedo encontrar al señor Cesar Duran?Ellos la miraron con deseo, pero se mantuvo inmune a esos pensamientos libidinosos que flotaban en el ambiente.
- Si no está en su casa debe estar con un cliente. Imagino que quiere mercancía, ¿verdad? – Dijo uno de ellos, un señor de 40 años, con la barba crecida, y el cabello enmarañado.
- Si. Lo estoy buscando por un negocio. – Dijo ella rápidamente, tratando de adivinar a qué se refería.
- Es la tercera casa después de esa esquina. – Señaló el mismo hombre.
Caminó despacio, pensó que era mejor retirarse, dialogar luego con Cesar sobre lo ocurrido, esperar que fuese él quien le dijese que estaba sucediendo. Tal vez estaba equivocada y había hecho demasiadas conjeturas, condicionada por tantos comentarios negativos hacia él. Se detuvo, estaba comenzando a llover, observó el reloj, y reconoció que aparte de que era tarde debía guardarlo, estaba en un barrio peor que donde vivía. Le urgía saber quien era ese ser con el que dormía, con el que soñaba, con el que decidió cambiar de vida, con el que hacía el amor. También vino a su mente el próximo matrimonio de Mauricio y reconocer que jamás ese hombre volverá a amarla la hizo sentir desdichada. Caminó y decidió terminar lo que había iniciado. Tocó la puerta. Observó el lugar. Volvió a tocar. Algunas gotas comenzaron a caer. Tocó por tercera vez. - ¡Ya voy! – Gritaron desde adentro, era una voz chillona acompañada del llanto de un niño. Hasta que al final abrieron la puerta. Era una mujer morena, de cabello ondulado, contextura gruesa, ojos pardos. Llevaba un niño de la mano y en el hombro un bebe de algunos 6 meses de nacido.
- ¿Dígame que buscaba por aquí mijita?- Dijo de forma desafiante.
- Busco al señor Cesar, me dijeron que vive aquí, el señor Cesar Durán. – Dijo con dulzura. Tratando de equilibrar la situación.
- Mi esposo acaba de salir. – Dijo con una marcada acentuación esa mujer para hacerla enterar de que ese hombre le pertenecía ante las leyes y Fabiana quedó petrificada.
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domingo, 14 de octubre de 2007

HUELLAS IMBORRABLES

Durante varios días él salía muy temprano, aun cuando ella dormía, y a veces llegaba ebrio cuando también ella dormía, así que algo a lo que presuntamente le tenía tanto miedo pasó a ser su compañera: La soledad, la cual era aplacada por libros, por la televisión y por la observación del mundo a través de la ventana unido a sus pensamientos, también por las tareas domesticas que empezaba a realizarlas con más facilidad y rapidez, y por mirar el techo gris del apartamento durante horas. Tuvo que comprar comida y otras cosas del hogar, ese día Cesar llegó más temprano y eso la alegró, conversaron un poco sobre el escándalo de los vecinos y su música, luego se sentó frente al televisor y Fabiana almorzó algo ligero, sola, observándolo desde la mesa, ahí sin camisa, su espalda amplia, hasta que el celular sonó y volvió en si, enseguida él se levantó y sin disimulo se colocó a su lado, era su forma de ser, siempre fue así, Cesar no permitía que Fabiana tuviera números telefónicos anotados de sus amigos o compañeros, no le gustaba que recibiera llamadas y para ella el hecho de sentirse tan celada, tan protegida era una forma de sentirse amada.

- Es Alexandra. – Le dijo en voz baja, él asintió y fue al sofá otra vez. Fabiana se acercó y le acarició el cabello, pero no recibió respuesta

- Alexandra me invitó a comer, tenemos tiempo sin hablar.

- ¿Dónde van a verse? ¿Le dijiste que viniera? – Dijo Cesar.

- No, me dijo para ir al centro comercial y así la acompaño a hacer unas compras. No creo que Alexandra se atreva a venir hasta acá.

- Claro, le puede dar alergia a la niñita consentida.- Dijo cesar con ironía. – Es mejor que no venga, sino lo que hará es criticar y llevarle chismes a tu mamá.

- Si Alexa no viene hasta acá es por lo peligroso de la zona no porque se crea superior a nadie, ella es muy sencilla.- Dijo Fabiana

- Muy sencilla, la catirita que debe dormir con los ojos abiertos para que vean que los tiene azules. – Dijo y se tomó la cerveza de un solo trago.

- Cesar el hecho es si me dejas ir, es solo un rato.

- Si no la veo por aquí por supuesto que puedes ir, pero vienes antes de la cena, porque no me gusta prepararme nada de comer.

Caminamos un rato sin decir nada, observarla a los ojos me dolía, me avergonzaba o quizás no quería que notara que aun no encontraba la felicidad pero me costaba admitirlo, y todo aquello que vi en las clases de psicología general relacionado con la Gestalt empezaba a identificarse conmigo o tanto ocio hacia que le buscara una explicación a mi forma de ser y sentir. Como en un acuerdo tácito nos sentamos y pidió soda dietética para ella, café para mí.

- No vine aquí para juzgarte Fabi. – Dijo Alexandra mirándome a los ojos. – Tú eres mi hermana, mi amiga y tienes mi ayuda para todo. Mamá esta dolida, se ha encerrado en su atelier y ha hecho muchas pinturas, parece que la tristeza es su mejor musa.

Ambas sonrieron.

- Gracias Alexa, he pensado en ustedes día y noche, en papá, en los abuelos, en todo lo que pasó y como les pudo afectar.

- Te cuento que Ernesto y yo estamos peleados por eso. – Dijo Alexandra y Fabiana se asombró, continuó. – No dejaba de hacer bromas con tu gran huida, diciendo que iba a llevarme atada cuando nos casáramos, que me iba a colocar guardaespaldas, cámaras en la casa, que si huía me mandaba a secuestrar y yo no le veía la gracia.

- Tu novio siempre ha sido muy cómico – Dije mientras tomaba un sorbo de café. – No le prestes atención además ustedes se aman y viven peleando como niños.

- Es verdad, cuando me llame por tercera vez lo perdono. Lo haré sufrir un poco.

Sonreímos, suspiré y sentí nostalgia por esos momentos que compartíamos juntas, las alegrías, las tristezas, las rabias.

- ¿Y Mauricio, haz sabido algo de el?, me aterra solo pensar en verlo a la cara.

- Él sigue manteniendo contacto con mamá y a veces hablamos, obviamente que se ha distanciado, sin embargo es gran amigo de la casa, al igual que sus padres, por cierto está saliendo con Clemencia Narváez.

- ¿Clemencia Narváez? – Pregunté, tratando de recordar quien era.

- Es la modelo, la rubia de los bucles, es altísima… es la modelo de moda, está en todos los comerciales ¿recuerdas? Creo que estudiaron juntos.- Dijo Alexandra y encendió un cigarrillo.

- Si la recuerdo, siempre anduvo detrás de Mauricio pero él nunca le prestó atención.

- Ahora se les ve muy unidos, y de verdad espero que se enamore de ella y logre olvidarte.

Digerí cada una de sus palabras, se que una persona mas sincera que mi hermana no hay, tras su crudeza de decir las cosas había una gran verdad, y su objetividad era indiscutible. Sin embargo un sentimiento extraño embargaba mi corazón al saber que posiblemente ese ser tan especial ya me había dejado de amar, que ya yo no era esa niña mimada para él y que mi lugar era ocupado por una mujer sumamente hermosa, reconocida por ella misma y no por ser la hija de o la nieta de, de una forma muy veloz pasó por mi cabeza que Mauricio es mejor hombre que César. Y que Mauricio buscó una mujer mejor que yo.

- Seria egoísta de mi parte desear que ustedes vuelvan. – Dijo Alexandra. - ¿Tu como estas?, ¿necesitas algo? Dinero, ropa...

- No, no necesito nada de verdad, estamos bien. – Interrumpí.

Cuando volvió Cesar no estaba, se echó a la cama y abrazó a la almohada, escucho la discusión en el apartamento contiguo y al menos quiso pelear para no estar tan sola, ¿Cómo seria mi vida con Mauricio? Se preguntó, y miles de interrogantes desfilaban por su cabeza, tomó el teléfono y marcó su número, escuchaba repicar el celular, su corazón se aceleró, empezó a comerse la una del pulgar y luego con el dedo índice hacia un nudo en su cabello, Cesar entró, la observó y colgó la llamada, deseó irse lejos, cambiarse el rostro y ser otra, correr, volar, ser una niña y depender de sus padres. Esbozó una sonrisa y escondió todo ese mundo que llevaba dentro. Cesar le dijo que irían a una fiesta en casa de unos amigos e inmediatamente fue a vestirse, no sabia que ponerse y esperó contar con la aprobación de su marido. Optó por lo más sencillo, un jeans a la cadera y una blusa blanca con una chaquetilla rosa que combinaba con un cinturón y los zapatos bajos. Cesar es un hombre alto, corpulento, de piel morena y cabello oscuro, arrogante, inspira apatía. Al llegar todos voltearon a ver a Fabiana, es tan elegante, Cesar estropeaba su belleza y su aura angelical, le trajo una cerveza y hablaron un poco, luego se acercaron unos amigos y rieron juntos pero Cesar se marchó con ellos y la dejo ahí, sola. Caminó hasta el jardín, le gustaba la naturaleza, el aire fresco, no había luna, vio dos gatitos correr entre los arbustos. Ama a Cesar, pero le hace falta detalles para hacer mejor la relación, Mauricio era tan diferente, siempre tan pendiente de ella, tan caballero, ¿No era eso lo que me aburría de él? ¿Será que su condición de mujer la hacia tan inentendible?, ¿Por qué tantas comparaciones? Varios hombres la invitaron a bailar pero se negó, sabía como podría responder Cesar si la veía con otro, caminó hasta el recibo de la casa, la música era estruendosa, muchas personas reían, tomaban cerveza, y observó a Cesar con una mujer, hablaban amenamente y sonreían luego fueron a bailar. Fabiana volteó, caminó por el estrecho pasillo y salió otra vez al jardín, se sentó en un tronco y uno de los gatitos se acercó, un gatito blanco de poco mas de un mes de nacido, lo tomó entre sus manos y comenzó a llorar. Ese pequeño animal parecía entender sus lágrimas, su alma y la observaba pacientemente como queriendo ayudarla. Fue hasta el baño, se maquilló y luego se dirigió a donde estaba Cesar quien la tomó de la mano y la llevó hasta el auto. No hablaron durante el camino, él la observaba, pero su rabia no le permitía articular palabra alguna, al llegar al apartamento al fin le preguntó qué le sucedía y tras su silencio quiso besarla en los labios pero ella se apartó bruscamente.

- No tuviste la cortesía de presentarme a tus amigos, ¿Escondes que soy tu mujer?, jamás me sentí tan humillada tan ignorada, me sentía tan estúpida. – Dijo y se volteó.

- Deberías ser un poco más sociable. – Dijo Cesar y sonrió, ella se volvió y lo miró a los ojos.

- Son tus amigos, no los conozco. Tu deber como caballero era presentarme a cada uno, estuve sola toda la noche, tu deber como pareja era acompañarme, tu deber como mi marido era atenderme, ni me invitaste a bailar y rechacé todas las invitaciones mientras tú hablabas y reías con una mujercita que por encima se le ve que es una cualquiera.

- Estas celosa. – Dijo riendo a carcajadas y caminó hacia el sofá.

- ¿No tengo derecho a estarlo? – Dije y se detuvo. – Jamás debí haber ido a esa fiesta, jamás debí hacerte caso, observa como vivimos, no estoy acostumbrada a esto, te desapareces todos los días y no sé donde estás, no sé si regresarás, no sé quien eres ni que piensas, no estoy segura de si me amas y creo que mi batalla diaria es conquistarte, debo hacerme cargo de todas las necesidades de la casa, hasta de alimentarte, estoy harta de esta vida, !Estoy harta de ti!- Le gritó y él le dio una bofetada que la lanzó al piso, lo miró sorprendida y se colocó la mano en la mejilla, él la observó con temor pidiéndole perdón, ella corrió hasta su cuarto, cerró la puerta y se lanzó a la cama, y comenzó a llorar.

Caminaba por el Parque del Este, observando el pequeño estanque y las aves revolotear, las personas ir de un lado a otro, viviendo en su propio mundo, esa mañana pensó que debía reestructurar su vida, crearse metas, tan solo estaba existiendo y apartando a un lado lo que era vivir, quizás retomar sus estudios de Antropología, tal vez trabajar, no sabia de qué podía emplearse, podía enseñar a niños a leer, dar clases de estadística o de literatura, quizás hacer esculturas, lo que antes era su hobbie, trabajar en un museo. De pronto lo vio, ahí estaba él. Se escondió tras un árbol, Dios era él después de tanto tiempo, vestía un mono gris y estaba empapado de sudor. Era Mauricio, tan esbelto, tan rozagante como siempre. ¿Me acerco?, ¿me marcho?, ¿qué le digo? Respiró profundamente llenándose de valor y cuando dio el primer paso observó a la chica con los rizos más hermosos, era Clemencia, una joven que conoció hace algún tiempo y ahora ve a cada momento en los comerciales. Se besaron en los labios y sintió una enorme tristeza, pero era ella quien condujo a que todo esto sucediera.

- Hola Mauricio. – Dije

- Hola, espero estés bien. – Dijo Mauricio, tomó a Clemencia de la mano y se fueron trotando.

Se observó en el espejo, tenía la cara hinchada, ¿Cómo hablar en el matrimonio para que esto no suceda?, ¿era ella la culpable?, ¿el era muy violento?, ¿La monotonía lo destruye todo o es que a ella le encanta la aventura? Caminó por todo el cuarto, ahí estaba el gatito, lo tomó entre los brazos, se asomó a la ventana y observó a Caracas, ¿Para ser feliz debo estar casada?, ¿Tengo que soportarlo todo porque él es mi pareja? Su cabeza era un laberinto de preguntas, tomó el teléfono y decidió que esta vez si le hablaría, no sabía de él desde un día antes de la boda y necesitaba al menos saber que estaba bien.

- ¿Quién habla? – Dijo al fin durante esa espera que le parecieron horas.

- Soy yo, Fabiana.

No le permitió hablar mas, Mauricio colgó la llamada, sabía que él tenía razón de odiarla, fue hasta la cocina y le dio leche al gatito, no había nada de comer, es extraño ayer había comprado muchas cosas, se sentó en el sofá y encontró un arete que no le pertenecía, corrió hasta el cuarto contiguo y ahí estaba Cesar en el piso con una mujer al lado, desnudos, Fabiana cerró la puerta y deseó morir.

© Jesus Maury, 2007, todos los derechos reservados.



domingo, 7 de octubre de 2007

HUELLAS IMBORRABLES

Leer 1er Cap.
Leer 2do Cap.

Caminé en la oscuridad de la noche, sin acordarme del miedo que me producía la luna llena. Todo estaba inmóvil y por un momento pensé que tan solo yo giraba en la tierra o que era parte de un sueño, preferí no pensar y vivir el momento sin suponer los acontecimientos futuros, decidí ser loca un instante y perder la razón quizás para detenerme tiempo después a discernir si lo que estoy haciendo es correcto. Me preguntaba qué artimañas usó para poder estar ahí detrás del árbol sin que los vigilantes lo hubiesen visto. Caminé apresuradamente y lo divise tras el tronco, sentado como un niño.

Esta tarde llegaría Alexandro directamente de Eslovaquia, luego de haber dejado la rectoría de la Universidad había estado en centenares de países, haciendo congresos y seminarios sobre economía y globalización, convirtiéndose en un gran apoyo para las naciones donde era invitado de honor, casi como un embajador. Alexandra decidió buscarlo al aeropuerto, Fabiana entre tantas actividades no podía acompañarla y añoraba verlo, hacía mucho tiempo que no observaba los ojos a su padre de forma real, sino a través de fotografías y por obra de la tecnología como la Internet. De alguna forma Alexandro siempre ha estado en contacto con sus hijas, desde que se separó de Fabiola. Hace dos horas había llegado Dona Ifigenia, estaba en la terraza tomado té de manzanilla, dialogando con Fabiana sobre el clima y los paisajes en Argentina, donde había estado con su hija mayor y su yerno, y aunque tratase de disimularlo se enojaba al recordar la posibilidad que don Amador también asistiera a la boda y con su actual esposa y tal vez sus hijos o nietos. Tantos años casados, tantos años transcurridos desde su separación, tanto compartir y ahora lo detesta. ¿Cómo un sentimiento tan puro te puede llevar a otro tan nefasto? ¿Quién odia será porque aun ama?.

Mauricio no dejaba de hablar de la boda, Alexandra traía un ramo de rosas, el director de la orquesta estaba al teléfono, mamá hablaba con el decorador y yo no podía dejar de pensar en Cesar; me preguntaba donde había estado estos dos años, Mauricio me abrazó y le sonreí, caminamos hasta la sala de estar donde lo dejé con mi hermana y papá que comentaba sobre sus viajes en Europa central, subí a mi cuarto y me lancé en la cama, enseguida sonó el celular.

-¿Fabiana eres tu?En ese instante sentí que el corazón se aceleraba, era su voz.

- Por favor no me llames, yo estoy a punto de casarme y amo a mi futuro esposo. – le dije de forma tajante, iba a colgar la llamada cuando escuché que dijo

- Te espero en el jardín esta noche, en el árbol, no faltes.

Todos dormían, observé a través de la ventana pero era inútil, la oscuridad de la noche lo envolvía todo y las ramas disminuían mi visibilidad, caminé con sigilo y salí por la puerta posterior, camine con cautela por el jardín y lo divisé atrás del tronco de mi árbol. Lo miré a los ojos, a sus ojos negros y traviesos, luego volteé, no quería que leyera en mis ojos que aun lo amaba.

-No quieres que descubras que mueres por besarme. – Dijo mientras se levantaba, sonrió y me abrazó fuertemente, quería detener ese instante, podía escuchar su corazón latir, el sonido de su respiración, sentir su cuerpo tibio

- ¿Recuerdas cuantas veces nos besamos aquí? y no solo eso… hacíamos el amor mientras todos dormían –Me dijo al oído mientras se separaba.

- ¿Dónde estuviste todo este tiempo? – Dije con firmeza y dejó de sonreír

- Esa es la respuesta que necesitas para estar segura de que te amo... yo puedo demostrar de muchas formas lo que siento por ti.

- ¡Basta Cesar! No quiero escucharte, mañana voy a casarme, mañana a esta hora estaré de luna de miel en Grecia, muy lejos de aquí y de ti.

- Estarás con un hombre que no amas – Interrumpió él, con tranquilidad, su tono de voz era sereno. – No lo hagas mi Fabi, no te sacrifiques de ese modo, no me mates en vida, huye conmigo, vámonos de aquí, de tanto protocolo, de tantas normas, amémonos como antes… quiero verte sonreír, gritar sin temer al que dirán.

Cesar me tomó en sus brazos y me besó, sentí su aliento, saboreé su ser, enloquecí con su aroma, lo observé a los ojos, no sé cuanto tiempo pasó pero volví en mí al escuchar el sonido de la bofetada que le di, corrí ahogada en lágrimas y subí a mi habitación.

La mansión estaba impecable, y desde el amanecer el decorador y sus asistentes estaban de un lado a otro, los criados no se daban abasto entre tantas llamadas telefónicas, tantos regalos recibidos, Doña Ifigenia leía cada tarjeta y Fabiola estaba feliz, Alexandra conversaba con su padre, era una oportunidad para aprovechar y contarse todo lo que había sucedido en estos años sin verse. A pesar de todo, la relación entre Fabiola y Alexandro es muy cordial, una relación que lógicamente se inició con un amor excelso, dando paso a discusiones consecutivas que abrieron un lugar para el odio, pero con el tiempo vino la reflexión y la calma, ya superaron la etapa del resentimiento, de la rabia y de la decepción, ahora son amigos, quizás ya dejaron de amarse y por eso pueden tolerarse. Fabiana en su habitación observaba el jardín, veía las rosas, algunas mariposas revolotear y la brisa estrellarse contra el enorme árbol, y como tantas personas caminaban de un lugar a otro dejando todo hermoso.

Mauricio pasó el pañuelo por su frente mientras el papá le daba una palmada en el hombro, observó el reloj, no sé cuantas veces lo ha hecho ya, mamá caminó hacia él, imagino que le dirá lo común que es la tardanza de las novias el día de la boda, la catedral estaba repleta y las flores perfumaban el lugar. Miré la hora y recordé por un instante la conversación que había tenido con Fabiana hace dos días, sentí una ola de calor al tener el presentimiento, casi la certeza de lo que podía ocurrir, rogando a Dios que sólo fueran ideas mías,

- Alexandra estas pálida, ¿te sientes bien? – Dijo Ifigenia

- Si abuela, solo un leve dolor de cabeza, debe ser por el ajetreo de toda la semana.

El abuelo estaba afuera, rodeado de periodistas, muchos enunciados hablaban del matrimonio de la nieta de Amador Monasterio, el famoso actor, de la hija de Fabiola Monasterio, la famosa artista plástica, y de Alexandro Pietri, el famoso economista internacional. Observé el reloj y habían transcurrido 20 minutos desde la última vez que lo vi. Tomé el teléfono y llamé a la casa, escuchaba repicar pero nadie lo tomaba, respire profundamente y decidí salir de la catedral. Al ponerme de pie, observé llegar el carro de papá.

- Pensé que vendrían en la limousine. – Dijeron a coro mamá y la abuela.

Papá salio del auto, todos esperábamos ansiosamente ver caminar a Fabiana con su enorme, hermoso e impecable vestido blanco, mientras los niños lanzaban, en una coreografía típica, pétalos en el piso como una alfombra, papá caminó lentamente, se acercó a Mauricio, me levanté junto a mamá y nos dirijamos al altar, necesitando saber que sucedía.

- Dejó una nota en el espejo de su cómoda diciéndome que te entregara esta carta. La llamé a su celular pero resulta que lo dejó sobre la cama, debajo del vestido de novia.- Dijo papá casi sin aliento, preocupado. –Abre la carta, no sé donde está mi hija, los vigilantes de la mansión la vieron salir en la limousine.

Como si estuviera fuera de la realidad, con los ojos desorbitados, empapado en sudor, Mauricio rompió el sobre y leyó en voz baja:“Lo siento pero he descubierto que no te amo lo suficiente para estar contigo. toda mi vida, es lo mejor para ambos, sé que es muy tarde, pero no tanto, para encontrar una nueva felicidad, perdóname por favor. Fabiana”.

_____....

Fabiana se despertó y él ya se había ido, por un momento pensó que jamás lo volvería a ver, pero recordó sus palabras y se calmó, ya habían transcurrido tres semanas y aunque se arrepentía de lo hecho disfrutaba plenamente de su amor por César, caminó por la habitación, abrió la ventana y tan solo vio paredes de concreto, hacia abajo miles de personas caminando como hormigas, y el ruido de las cornetas por el tráfico automotor, era un pequeño departamento ubicado al sur de la ciudad, modesto, sencillo, pero era su hogar, y ahí quería ser feliz, o por lo menos abría las cortinas para que la brisa le trajera un poco de sonrisas y calma, acompañada de la valentía que necesitaba para hacer lo que se había propuesto y que había pospuesto por 21 días: Ver a su familia. Bajó por las escaleras del edificio, algunos niños jugaban en ellas y algunas señoras estaban en la puerta conversando de todo un poco y la observaban analizando hasta su último cabello. Tomó un taxi, en el caminó pensó en las posibles reacciones de su madre, su padre ya se había marchado del país, sus abuelos también, todo había vuelto a la normalidad en la enorme mansión. Al descender del auto caminó lentamente, le permitieron la entrada y saludó a los vigilantes con cortesía, observó todo como si por primera estuviese ahí y abrió la puerta principal para encontrase detrás de ella a Fabiola que la observó con gran odio.

- ¿Te dignaste a venir y darnos una explicación? – le dijo con ironía, extendió la puerta y le permitió pasar, al pie de la escalera estaba Alexandra, sentada.

- Lo hice por mi y por Mauricio, no lo amaba mamá.

- ¿Y te diste cuenta que no lo amabas precisamente cuando él estaba en la Iglesia esperándote para casarse?, ¿pensaste en cómo pudo sentirse?, ¿todos estos días has pensado en la humillación que le hiciste a ese hombre excelente, que te amaba ciegamente? – Fabiola volteó mientras iba subiendo el tono de voz. – ¿Todos estos días has pensado en la vergüenza que nos hiciste pasar? ¡A tu padre, a tus abuelos, a mí!

Fabiana trató de contener el llanto y observó a su hermana tratando de obtener ayuda, pero en el fondo de su alma sabia que tenían razón, que su decisión pudo ser correcta pero tardía y que le había hecho daño a un buen hombre.

- Sé por qué lo hiciste… ¿O debería decir por quien? – Preguntó Fabiola

- Mamá vine a verte, saber como estabas, no quiero discutir contigo. Quizás en un futuro me entiendas…

-Lo hiciste por Cesar. – Interrumpió su madre, Alexandra se levantó y se marchó a su habitación. – Y no imaginas lo decepcionada que estoy de ti, que seas tan bruta, tan tonta y sigas amando a ese delincuente, a ese vividor, pero voy a darte una lección de vida Fabiana, aprenderás de tus errores y te alegrarás de tus éxitos, en este caso no contarás con mi ayuda, ni con la de Alexandra, sola enfrentarás lo que haz hecho.

Dos criados trajeron varias maletas y la colocaron en la puerta, Fabiana observó sorprendida, quiso abrazar a su madre, pero ésta se dio media vuelta, una lágrima rodó por la mejilla de Fabiola, pero la decisión estaba tomada.

- Vete Fabiana, y cuando te des cuenta de tu gran error, como una fracasada y consciente de lo que haz hecho, tal vez, regreses.

- Si quieres que regrese arrastrada, si lo que deseas para mi es la infelicidad jamás volverás a verme, mamá. –Dijo con seguridad Fabiana y se marchó.

Cuando Cesar vio las maletas se sorprendió, ella le comentó lo sucedido y luego lo besó en los labios, la abrazó fuertemente, la alzó en sus brazos y la llevó hasta la cama, se besaron con pasión mientras se acariciaban y se susurraban palabras de amor, se desnudaron lentamente y luego fueron uno solo.

Al despertar ya no estaba, observó el techo, las paredes grises, escuchó el transitar de los vehículos en esa ciudad congestionada y se preguntó como estaría Mauricio, fue hasta la cocina y no había nada de comer, pensó en como había cambiado su vida drásticamente y cómo por obligación o necesidad aprendemos tantas cosas: cotidianas, sencillas pero posiblemente complicadas para otros, como hacer un arroz, lavar la ropa, y lucir hermosa en un lugar que le empezaba a parecer deprimente, el sonido del timbre le hizo volver en si, extrañada abrió la puerta.

- Han dejado esta carta en conserjería, es para el señor Cesar. – Dijo una señora, alta, muy gorda, llevaba un pañuelo en el cabello y una bata algo sucia. Fabiana solamente la tomó y cerró la puerta tras de si sin decir ninguna palabra, inmediatamente abrió el sobre esperando conseguir alguna respuesta a sus preguntas.

Esa noche Cesar trajo algo de comer, se sentaron en el piso mientras veían televisión, la besó en los labios y ella sonrió, lo observo a los ojos y le entregó la carta, él la miró extrañado.

- Llegó hoy y me sentí con todo el derecho de abrirla. – Dijo Fabiana.

Todo el día después de leerla estuvo pensando en las incógnitas de Cesar, de su vida, de su relación, reflexionando mucho mas notó que no conocía a sus amigos, ni a sus padres, no sabia donde había estado todo este tiempo ni donde había nacido, y la interrogante de su desaparición por dos años volvía constantemente.

- Jamás me comentaste que este apartamento estaba hipotecado. – le dijo Fabiana. – Es una carta del Banco, debes pagar lo antes posible.

- No tengo dinero para pagarlo…- Dijo él en un hilo de voz

Cada palabra se quedaba grabada en su memoria, jamás habían conversado de algo trascendental, jamás habían hablado de sus vidas, y entonces ¿en que se habían ocupado todo este tiempo? ¿Quién era ese ser? O mejor dicho ¿Quién era ella misma?

- Todos estos días al despertar no estas… pensé que estabas trabajando… - Dijo ella en voz baja, muy cerca de sus labios.

- He trabajado, pero no he ganado lo suficiente para poder pagar todo esto... Es un trabajo aquí otro allá, nada estable.. Sabes que la albañilería es así… ahora me quitarán lo poco que tengo, es una maldición ser pobre, ¡maldita sea! .- Dijo Cesar y trató de contener el llanto pero no pudo. - ¿Ahora donde viviremos? Tengo que hacer algo mi amor.

Al verlo así lo sintió tan frágil que quiso protegerlo, era solo un niño de 1,85 cm. de alto y fornido que se veía tan indefenso y parecía poder moldearlo, quiso tomarlo en sus brazos como un recién nacido, sentirse necesaria le hacia sentir bien, pero un sentimiento de lástima venia mezclado en sus emociones.

- No te preocupes yo cancelaré todo, las tarjetas de crédito aun las tengo disponibles, ya saldremos de esto. – Dijo ella con dulzura mientras le acariciaba el cabello.

Comenzó a llorar, y Fabiana lo abrazó, Cesar le dijo al oído que le cancelaría hasta el último céntimo y que todo esto sería un préstamo, pero ella no le prestó atención, se besaron una y otra vez, y ahí hicieron el amor como locos, pero le urgía saber todos los secretos de ese hombre que tanto amaba. ¿Dónde estuvo estos dos años?

© Jesus Maury, 2007, todos los derechos reservados